continúa de entrada 13/04/2013
Peter Weir, como tántos otros directores de todo el mundo con (o sin) talento, en cuanto pudo dio el salto a Hollywood en busca de quién sabe si mayor notoriedad, mejores medios, o simplemente el vil metal. El caso es que se marchó a mediados de los 80 y no ha vuelto a dirigir fuera de ahí. Tras unos comienzos exitosos con nominación al Oscar incluido, Weir ha ido cayendo un poco en el olvido, saliendo de él puntualmente con "El show de Truman" o "Master and Commander" pero ya sin tanta atención ni crítica ni de público. En esta entrada terminamos comentando cuatro de los filmes más representativos (obviando filmes interesantes como "La costa de los mosquitos" por motivos de espacio) de esta etapa esperando que halla servido para acercar su cine a los no iniciados y redescubrirlo a los demás.
Un extraño entre nosotros: "Único testigo" (1985).
El "debú" de Weir en Hollywood no pudo ser más exitoso: nominación de la Academia y gran éxito de público además de reconocimiento internacional. Totalmente merecido, "Único testigo" es hoy, casi treinta años después de su estreno un film modélico, que cuanto más se ve, más virtudes se descubren. Film denso, que tras la apariencia de thriller policial esconde temas como la corrupción, la violencia en la sociedad o la inocencia personificada en el encantador personaje del niño interpretado magistralmente por Lucas Haas. Y una vez más la incapacidad del hombre para adaptarse a una sociedad diferente, todo ello sugiriendo más que mostrando. Weir logra sacar lo mejor de los intérpretes, Harrison Ford logró su única nominación al Oscar y Kelly McGillis está sensacional, natural, radiante. Una bella historia de amor imposible como hay pocas.
Carpe diem: "El club de los poetas muertos" (1989).
"Carpe Diem: Vivid el momento. Coged las rosas mientras aún tengan color pues pronto se marchitarán. La medicina, la ingeniería, la arquitectura son trabajos que sirven para dignificar la vida pero es la poesía, los sentimientos, lo que nos mantiene vivos." La verdad es con frases así no es de extrañar que Robin Williams le gustara el personaje del profesor John Keating. Además de permitir el lucimiento de Williams fue el primer éxito de varios actores jóvenes como Robert Sean Leonard o Ethan Hawke. "El club de los poetas muertos" es una de esas obras que varían mucho respecto de la edad del espectador: cuando eres adolescente te emociona, cuando creces se ven los defectos pero al madurar se le perdonan pues llega al corazón y trae precisamente recuerdos de cuando uno era más joven y vio aquella película concluyendo que Keating tenía razón: ¡aprovecha el momento!
Carta verde: "Matrimonio de conveniencia" (1990).
George (Depardieu) es un francés torpe y bohemio que quiere conseguir el permiso de residencia (carta verde) para poder trabajar en Estados Unidos. Brontë (Andy McDowell), es una mujer reservada que no puede conseguir el apartamento que desea por no estar casada. Juntos deciden arreglar un matrimonio de conveniencia para poder conseguir sus respectivos propósitos. Weir además de dirigir escribió el guión de esta comedia romántica que se ve lastrada por la escasa química entre los protagonistas (algo que funciona al comienzo, cuando se odian pero no cuando se enamoran) y las escasas escenas cómicas. Sorprendentemente, este guión fué nominado al Oscar pese a ser lo más flojo del film. Con todo es entretenida, elegante y Depardieu está sensacional interpretando al típico emigrante por motivos laborales que además tiene problemas con el idioma, tema que siempre estará de moda.
La vida en directo: "El show de Truman" (1998).
Tras el fracaso de "Sin miedo a la vida" (1992) Weir no vuelve a dirigir en seis años pero regresa por la puerta grande con un ambicioso proyecto: Truman Burbank (Jim Carrey) ha estado, sin saberlo, frente a las cámaras aún antes de nacer. La vida de Truman es filmada a través de miles de cámaras ocultas, las 24 horas del día, y es transmitida en vivo a todo el mundo, permitiendo al productor ejecutivo Christof (Ed Harris) captar la emoción real de Truman y el comportamiento humano cuando se pone en determinadas situaciones. Justo antes de que se pusieran de moda los realities, Weir adaptó este excelente guión de Andrew Niccol que se plantea la gran duda ¿es todo real o estoy viviendo una mentira?. Inspirada claramente en "Tiempo desarticulado" de Philip K. Dick, el protagonista, una vez conoce la dura realidad debe tomar una dificilísima decisión que cambiará su vida... aunque para entonces ya no le interese a los telespectadores.
Coda: el último film hasta el momento de Peter Weir fue Camino a la libertad (2010), que injustamente pasó como un rayo por la cartelera pese a contar con estrellas como Colin Farrell o Ed Harris y ser una épica historia de una huida através de parajes tan inhóspitos como bellos que lo entronca con el gran David Lean. Esperemos que no sea el canto del cisne de este gran autor.
27 abr 2013
21 abr 2013
La radio deportiva española
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| Dime con quién andas... |
A finales de los 70, el periodista Jose María García cambió por completo la radio deportiva española con su programa "Supergarcía" en la difunta Antena 3 radio. Su carácter agresivo, su desafío al poder, sus continuos desprecios a la RFEF y su entonces presidente ("Pablo, Pablito, Pablete") le llevaron a enfrentarse, entre otros a Don Santiago Bernabeu (en sus último días), José Luis Nuñez, y Jesús Gil, con los que luego se reconcilió. Azote de la Quita del Buitre, enemigo eterno de Mendoza, García creó escuela pero engendró hijos bastardos rancios: unos permanentemente cabreados como Javier Ares (Onda Cero) y otros como José Ramón de la Morena (SER), tipo ignorante y limitado, con absoluto desconocimiento del deporte más allá del fútbol (y a veces ni eso) que va de coleguilla haciendo de su supina ignorancia y paletismo una virtud. Ver uno de sus peores ridículos aquí.
Hoy en día las distintas radios se dedican a arrimar el ascua a su sardina bajo oscuros intereses mediáticos, económicos o simplemente por mala uva. Esto puede parecer exagerado pero, por poner un ejemplo, llama la atención que para un tipo como Manolo "humilla mendigos" Lama, Alonso y Ramos siempre sean los mejores del Madrid. Las valoraciones de tipos como estos aún son seguidas por un gran grupo de seguidores que los toman por "expertos" por el simple hecho de salir por la Cope, Onda Cero o Ser. Es increíble pero sucede.
Otro fenómeno curioso que se viene dando en los últimos años es la progresiva "radicalidad" de los periodistas y opinadores: todo es blanco o negro, no hay tiempo para el análisis; hoy tal jugador es un paquete (porque se usa cada vez un lenguaje más vulgar) y mañana es el nuevo Pelé; hoy tal presidente lleva a la ruina a un equipo, hoy somos amigos del alma; hoy tal entrenador no tiene carácter y luego es el nuevo genio de la táctica (ver el caso del entrenador francés de la Real Philippe Montanier)...
Lo peor de todo es que se asume como si no pasara nada. Por ejemplo, indocumentados como Manolete en la Ser o Roberto Gómez en Radio Macarra anuncian fichajes sin ningún pudor, hablan de los jugadores como si fueran cromos, no citan fuentes basándose en su "ética periodística" - sí, yo también me río - y luego no se cumplen sus pronósticos...si en tu trabajo no aciertas nunca, como mínimo te juegas el puesto, estos cada día salen más por la tele. Mourinho a veces les pone en su sitio, por eso le odian pero no es este el momendo de hablar de ello, sólo dejaré esta perla del fanático Fernando Burgos (Onda Cero) ridiculizado por el entrenador del Madríd que puso de manifiesto el peor defecto de un periodista: la ausencia de criterio (¡hipócritas!).
De la infecta Radio Macarra no voy a decir nada, sólo que su director, Paco García (un cerebro por) Caridad no sé de qué va a hablar cuando se marche Mourinho. Otro ejemplo de imparcialidad, curioso viniendo de un tipo que trabajó para Real Madrid TV. ¿Os resentidos?
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| El mal ya tiene forma. |
CODA: como verán no hablé de nada que no fuera fútbol pues salvo para contar triunfos en otros deportes no les hacen el menor caso...y mejor, porque oír al "Poli" Ricón hablar del Masters de Augusta dacosica.
13 abr 2013
Peter Weir en Oceanía
El director australiano Peter Weir (Sidney, 1944) no goza de una gran fama entre el público, cosa rara viviendo del firmante de las famosas "Único testigo" (1985) y "El club de los poetas muertos" (1989). Algo injusto teniendo en cuenta su enorme talento no sólo para ofrecer películas vistosas desde un punto de vista visual, sino también como director de actores: Mel Gibson, Harrison Ford, Sigourney Weaver, Russell Crowe, Ed Harris o Jim Carrey han dado siempre lo mejor de sí mismos con él tras las cámaras.
El hecho de que Weir llegara al cine se debe en parte a la política cultural del gobierno australiano quién durante los años 70 subvencionó y favoreció al cine como medio para dar a conocer el país en el exterior. Esto dio sus frutos y ahí están como ejemplos "Mad Max" (George Miller), "Calma total" (Phillip Noyce), "El piano" (Jane Campion) y un montón de técnicos y actores (Nicole Kidman, Naomi Watts, Sam Neil) que hoy destacan mundialmente. Hoy comenzamos un repaso a su obra, para el que suscribe una de las más interesantes de todos los directores vivos.
La belleza en estado puro: "Picnic en Hanging Rock" (1975)
Tras su debut con "Los coches que devoraron París" (1974) Weir se embarcó en la adaptación de una novela de gran fama en su país "Picnic at Hanging Rock" de Joan Lindsay, la cual está basada en sucesos reales acaecidos en 1900. Un grupo de alumnas de un colegio victoriano va a hacer una excursión a Hanging Rock, una formación rocosa de origen volcánica. Después de comer, un pequeño grupo de ellas junto con una profesora deciden investigar las zonas más recónditas del lugar y misteriosamente desaparecen. Cercana al cine fantástico, cuando no del terror, rodeada de una extraña atmósfera de ensueño e irrealidad, "Picnic en Hanging Rock" es una OBRA MAESTRA, de obligado visionado. Nada queda claro, todo se sugiere y el misterio, la fascinación, la belleza (las chicas que desaparecen son las más guapas), el romanticismo y hasta un sugerente sensualidad lo rodean todo, para dejar al espectador pegado al asiento hasta el final.
Un asesinato tribal y el fin del mundo: "La última ola" (1977)
Tras lograr un gran éxito entre la crítica y los festivales de medio mundo, Weir hizo un film más "popular" pero sin renunciar a sus temas: las diferencias culturales, la naturaleza y sus fenómenos como algo inquietante y los personajes inadaptados. Protagonizada por el entonces muy famoso Richard Chamberlain (El pájaro espino), "La última ola" es una film de "catástrofes" pero sin catástrofe. Chamberlain es un abogado que defiende a un aborigen acusado de un asesinato ritual, poco a poco empieza a tener visiones en las que la ciudad acaba sumergida bajos las aguas y empieza a llover de manera torrencial sin ninguna explicación. Rodada con brío, misterio y magia se dan la mano pero nunca olvidando el realismo y la inquietud por lo que sucederá al final.
La fatalidad de la guerra: "Gallípoli" (1981)
Aunque a veces se olvide, Australia participó activamente en la I y II Guerras Mundiales, pagando un alto precio en vidas humanas. "Gallípoli" recuerda la batalla de La Gran Guerra ocurrida en dicha península, situada entre el Mar Egeo y el Mar de Mármara. Durante la misma un error estratégico y a la falta de sensibilidad del alto mando provocó una masacre entre los soldados australianos. Protagonizada por un excelente Mel Gibson, se la comparó con la contemporánea "Carros de fuego" (Hug Hudson, 1981) por el mero hecho de que los dos protagonitas eran grandes atletas pero poco más tienen en común. Film donde entran en contraste la belleza de los paisajes y la brutalidad de la guerra, es la primera superproducción del autor, el más espectacular y a la vez, el más fatalista.
Periodistas: "El año que vivimos peligrosamente" (1983)
Primera película "internacional" de Peter Weir, fue rodada en Filipinas y Australia y narra la historia de Guy (Mel Gibson) periodista que viaja a Indonesia durante el intento de derrocamiento del presidente Sukarno. Allí conoce a Billy Kwan (Linda Hunt), un fotógrafo que le introduce en esa cultura y actúa como su guía. Kwan le presenta a Jill (Sigourney Weaver), una funcionaria de la embajada británica de la que se enamora. Excelente film, gran historia de amor y magnífica banda sonora de Maurice Jarre. Linda Hunt ganó el Oscar a mejor actriz secundaria, siendo el único caso en la historia en la que un actor gana el premio interpretando un personaje del sexo opuesto. El éxito internacional de la película hace que Weir acepte viajar a Hollywood, continuará...
El hecho de que Weir llegara al cine se debe en parte a la política cultural del gobierno australiano quién durante los años 70 subvencionó y favoreció al cine como medio para dar a conocer el país en el exterior. Esto dio sus frutos y ahí están como ejemplos "Mad Max" (George Miller), "Calma total" (Phillip Noyce), "El piano" (Jane Campion) y un montón de técnicos y actores (Nicole Kidman, Naomi Watts, Sam Neil) que hoy destacan mundialmente. Hoy comenzamos un repaso a su obra, para el que suscribe una de las más interesantes de todos los directores vivos.
La belleza en estado puro: "Picnic en Hanging Rock" (1975)
Tras su debut con "Los coches que devoraron París" (1974) Weir se embarcó en la adaptación de una novela de gran fama en su país "Picnic at Hanging Rock" de Joan Lindsay, la cual está basada en sucesos reales acaecidos en 1900. Un grupo de alumnas de un colegio victoriano va a hacer una excursión a Hanging Rock, una formación rocosa de origen volcánica. Después de comer, un pequeño grupo de ellas junto con una profesora deciden investigar las zonas más recónditas del lugar y misteriosamente desaparecen. Cercana al cine fantástico, cuando no del terror, rodeada de una extraña atmósfera de ensueño e irrealidad, "Picnic en Hanging Rock" es una OBRA MAESTRA, de obligado visionado. Nada queda claro, todo se sugiere y el misterio, la fascinación, la belleza (las chicas que desaparecen son las más guapas), el romanticismo y hasta un sugerente sensualidad lo rodean todo, para dejar al espectador pegado al asiento hasta el final.
Un asesinato tribal y el fin del mundo: "La última ola" (1977)
Tras lograr un gran éxito entre la crítica y los festivales de medio mundo, Weir hizo un film más "popular" pero sin renunciar a sus temas: las diferencias culturales, la naturaleza y sus fenómenos como algo inquietante y los personajes inadaptados. Protagonizada por el entonces muy famoso Richard Chamberlain (El pájaro espino), "La última ola" es una film de "catástrofes" pero sin catástrofe. Chamberlain es un abogado que defiende a un aborigen acusado de un asesinato ritual, poco a poco empieza a tener visiones en las que la ciudad acaba sumergida bajos las aguas y empieza a llover de manera torrencial sin ninguna explicación. Rodada con brío, misterio y magia se dan la mano pero nunca olvidando el realismo y la inquietud por lo que sucederá al final.
La fatalidad de la guerra: "Gallípoli" (1981)
Aunque a veces se olvide, Australia participó activamente en la I y II Guerras Mundiales, pagando un alto precio en vidas humanas. "Gallípoli" recuerda la batalla de La Gran Guerra ocurrida en dicha península, situada entre el Mar Egeo y el Mar de Mármara. Durante la misma un error estratégico y a la falta de sensibilidad del alto mando provocó una masacre entre los soldados australianos. Protagonizada por un excelente Mel Gibson, se la comparó con la contemporánea "Carros de fuego" (Hug Hudson, 1981) por el mero hecho de que los dos protagonitas eran grandes atletas pero poco más tienen en común. Film donde entran en contraste la belleza de los paisajes y la brutalidad de la guerra, es la primera superproducción del autor, el más espectacular y a la vez, el más fatalista.
Periodistas: "El año que vivimos peligrosamente" (1983)
Primera película "internacional" de Peter Weir, fue rodada en Filipinas y Australia y narra la historia de Guy (Mel Gibson) periodista que viaja a Indonesia durante el intento de derrocamiento del presidente Sukarno. Allí conoce a Billy Kwan (Linda Hunt), un fotógrafo que le introduce en esa cultura y actúa como su guía. Kwan le presenta a Jill (Sigourney Weaver), una funcionaria de la embajada británica de la que se enamora. Excelente film, gran historia de amor y magnífica banda sonora de Maurice Jarre. Linda Hunt ganó el Oscar a mejor actriz secundaria, siendo el único caso en la historia en la que un actor gana el premio interpretando un personaje del sexo opuesto. El éxito internacional de la película hace que Weir acepte viajar a Hollywood, continuará...
5 abr 2013
A movida
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| Os Resentidos |
Siniestro Total: Mítico grupo Vigués, con orígenes en el punk ochentero, tienen aún hoy por líder al mítico Julián Hernández, cantante que interpreta con peculiar voz sus canciones inolvidables. Letras descacharrantes, irónicas, macarras ("Bailaré sobre tu tumba") e inagotables: "Camino de la cama", "Asumta", "Que corra la nicotina", "Ayatola, no me toques la pirola", "Yo quiero ser Alaska", su curiosa versión del "Sweet home Alabama" titulada "Miña terra gallega"... En el verano de 1981, varios miembros del grupo tiene un accidente con el R-12 de los padres de Julián, algunos de ellos sufren heridas graves aunque todos se recuperan. Cuando Julián les dice a sus compañeros que el seguro del coche ha dado "siniestro total", ya sabían el nombre para el grupo. Su album "Ante todo, mucha calma" es ya un clásico.
Los Suaves: calificados por wikipedia como grupo de "heavy y rock urbano" son, y serán para mi los autores de la mejor canción rock (en español) de todos los tiempos "Dolores se llamaba Lola". Bueno, igual me he pasado pero no recuerdo la de veces que he cantado y guitarreado esta canción en bares y discotecas (como Lola). Originarios de Orense y liderados por el mítico Yosi Domínguez, que a su vez creó el grupo con sus hermanos Javier y Charli, han teloneado a Los Ramones y Rolling Stones y siguen en activo hoy en día. Aquí su concierto "29 años, 9 meses y 1 día" son capaces de dar hoy, viejunos, conciertos de más de dos horazas. Cojonudos.
Golpes Bajos: Otro grupo vigués, creado en 1982 por Germán Coppini (fugaz cantante de Siniestro) y Teo Cardalda sólo publicaron un álbum A Santa Compaña aunque volvieron en los años 90 con relativo éxito y nuevas versiones. "Malos tiempos para la lírica" es una de las canciones imprescindibles del pop español de todos los tiempos. Mejor poco y bueno...Aerolíneas Federales: aunque se juntan en 1981, no es hasta 1986 cuando graban su primer álbum con el famoso sello DRO, luego seguirían en activo hasta 1991 y volverían como tantos otros a juntarse brevemente en 2012. "Soy una punk" y "No me beses los labios" son sus canciones más famosas. La banda comenzó su declive debido a la salida de la vocalista Coral Alonso, (sustituída por Silvia García, o sea Silviasuperstar) y a que su guitarrista, Miguel Costas, se centrara más en Siniestro Total. Y también eran de Vigo.
Os Resentidos: otro grupo vigués de pop y rock. Nacido en 1984 y liderado por Antón Reixa, actual presidente de la polémica SGAE, su mayor éxito fue "Galicia Caníbal" (1986) con su gran éxito Fai un Sol de Carallo pero la crítica prefiere el disco Jei (1990). Pa'ellos. Como curiosidad decir que según Reixa, "Fai un sol de carallo" fue polémica en Portugal porque ahí Carallo se refiere a cierta parte íntima de la mujer.
Salvo para Los Suaves y Siniestro Total, que no paran, la llegada de los noventa supuso el fin pero aquí esta dacosica para recordarlos.
29 mar 2013
La locura de marzo
March Madness, es el nombre coloquial con que se conoce el torneo universitario norteamericano durante el mes de marzo, con 68 equipos jugándose el todo o nada en eliminatorias a único partido llegar a la Final Four: sólo cuatro elegidos que en un fin de semana deciden el título. Muchos favoritos se quedan por el camino, no hay gloria para los débiles...que encima tienen los exámenes finales en un mes.
En España, este marzo desapacible, primero de nieve y luego de lluvia ha dejado al Blancos de Rueda Valladolid, sin jugadores americanos, hartos de no cobrar (a Ewing le deben todavía el billete de avión desde EE.UU.); sin presidente, dimitido y con negros nubarrones sobre su futuro económico. Pero cuando todo está en contra, algunos sacan fuerzas de flaqueza y salvan los muebles: con diez victorias, rozando la permanencia, el C.B. Valladolid se niega a rendirse (deportivamente hablando) y lucha por lograr mantenerse en la élite. Jugadores veteranos (Grimau, Montañez), otros que esperan despuntar (Cizauskas, O'Learly), recién llegados (Porta), gente de la casa (Nacho Martín, Izquierdo), y algún jugador contrastado (Sinanovic) más la fe del entrenador Roberto González se va logrando, con buen juego, acercarse al objetivo. Luego, Dios dirá.
El Real Madrid, sin problemas económicos, se está hundiendo: con la increíble derrota en Copa del Rey ante el Farselona comenzó una cuesta abajo sin frenos, que siguió con las increíbles derrotas contra Unicaja en Euroliga y Tenerife (¡recién ascendido!) en Liga y que culminó ayer con la derrota ante el CSKA. Pero todo lo bueno hecho antes le permite vivir de las rentas en Liga (líder destacado) y a una victoria de lograr la ventaja campo en los play-off de Euroliga.
Losa (perdón, Laso) ha construido un buen equipo pero con carencias, las cuales, añadidas a su falta de liderazgo y experiencia empiezan a pasarle factura: Llull está desconocido, Sergio Rodríguez está loco y Rudy va a lo suyo. Sin gente de calidad en el juego interior salvo el intermitente Begic, todo depende del día que tengan Carroll o Mirotic y últimamente no tienen casi nunca, el día. Draper, base cabal y serio espera su turno...le van a salir telarañas.
Marzo acaba mal, pero por suerte tiene abril y mayo para arreglarlo, como unos malos estudiantes que se han relajado antes de tiempo deben sacar lo mejor de sí mismos y ganar algo de aquí al final de temporada. De ellos depende.
Lo dicho, marzo loco.
En España, este marzo desapacible, primero de nieve y luego de lluvia ha dejado al Blancos de Rueda Valladolid, sin jugadores americanos, hartos de no cobrar (a Ewing le deben todavía el billete de avión desde EE.UU.); sin presidente, dimitido y con negros nubarrones sobre su futuro económico. Pero cuando todo está en contra, algunos sacan fuerzas de flaqueza y salvan los muebles: con diez victorias, rozando la permanencia, el C.B. Valladolid se niega a rendirse (deportivamente hablando) y lucha por lograr mantenerse en la élite. Jugadores veteranos (Grimau, Montañez), otros que esperan despuntar (Cizauskas, O'Learly), recién llegados (Porta), gente de la casa (Nacho Martín, Izquierdo), y algún jugador contrastado (Sinanovic) más la fe del entrenador Roberto González se va logrando, con buen juego, acercarse al objetivo. Luego, Dios dirá.
El Real Madrid, sin problemas económicos, se está hundiendo: con la increíble derrota en Copa del Rey ante el Farselona comenzó una cuesta abajo sin frenos, que siguió con las increíbles derrotas contra Unicaja en Euroliga y Tenerife (¡recién ascendido!) en Liga y que culminó ayer con la derrota ante el CSKA. Pero todo lo bueno hecho antes le permite vivir de las rentas en Liga (líder destacado) y a una victoria de lograr la ventaja campo en los play-off de Euroliga.
Losa (perdón, Laso) ha construido un buen equipo pero con carencias, las cuales, añadidas a su falta de liderazgo y experiencia empiezan a pasarle factura: Llull está desconocido, Sergio Rodríguez está loco y Rudy va a lo suyo. Sin gente de calidad en el juego interior salvo el intermitente Begic, todo depende del día que tengan Carroll o Mirotic y últimamente no tienen casi nunca, el día. Draper, base cabal y serio espera su turno...le van a salir telarañas.
Marzo acaba mal, pero por suerte tiene abril y mayo para arreglarlo, como unos malos estudiantes que se han relajado antes de tiempo deben sacar lo mejor de sí mismos y ganar algo de aquí al final de temporada. De ellos depende.
Lo dicho, marzo loco.
23 mar 2013
Yo elegí no elegir la vida
[Atención, en el siguiente texto se destripa completamente la trama del film]
Cuando pienso en la Gran Bretaña en los años 90 - que pronto estarán de moda, dacosica avisa - pienso en cinco nombres: Lady Di, Tony Blair, Oasis, Paul Gascoine y Trainspotting. La adaptación cinematográfica de la novela de Irvine Welsh es uno de los films referenciales de aquellos años y junto a "Pulp Fiction", el más recordado por los jóvenes de la época.
La película toma el título de la expresión británica trainspotting, que hace referencia a la afición de ver pasar trenes pero también debe tener otros significados, probablemente relacionados con la heroína.
La trama es de sobra conocida: Renton (Ewan McGregor) es un drogadicto pero no lo es por problemas familiares o sociales sino por elección. El círculo cercano de Renton lo forman: un amoral fan de James Bond, Sick Boy (Jonny Lee Miller); un chico sano y deportista, Tommy (Kevin McKidd); el ingenuo y simpático Spud (Ewen Bremner) y el violento Francis Begbie (Robert Carlyle). Sick Boy, Spud y Renton son herionómanos, y pasan todo el tiempo inyectándose la droja que les ofrece su amigo Swanney (Peter Mullan).
A ellos se une una sensual "Lolita" (Kelly McDonald) a la que Renton conoce en uno de los escasos momentos en los que está desenganchado aunque, como se ve en el film, nunca llega a dejarlo del todo. Tommy acaba enganchándose a la heroína cuando su novia le deja tras un pequeño incidente con una grabación de vídeo casera y será finalmente Renton al único que logre dejar atrás su vida y a sus "amigos" mediante un engaño con las drogas (como no) de por medio.
Al margen de sus excelentes y rotundos diálogos (aquí), de su vistosa puesta en escena (influida por la estética del videoclip) y de su conocida banda sonora, destaca la sensación de autenticidad en cuanto a la descripción de una juventud nada "comprometida", nihilista hasta la autodestrución, de vuelta de todo antes de tiempo y absolutamente egoísta. Una visión quizás exagerada pero creo que más próxima a la realidad que el tópico "generación mejor preparada de la historia" tan poco creíble actualmente. Puro "realismo sucio", ver escena del W.C., sazonado con un negrísimo sentido del humor, algo que los británicos bordan siempre.
El director es el oscarizado (Slumdog Millionaire) Danny Boyle, que tras dar tumbos por Hollywood con filmes como "La playa" (2000), enfadarse con McGregor por elegir a DiCaprio y rodar un interesante film apocalíptico ("28 días después") es uno de los directores más solicitados tras "127 horas" (2010). Para mi nunca ha llegado al nivel de "Trainspotting" aunque fue el brillante director de la ceremonia de inauguración de los XXX Juegos Olímpicos que tuvo lugar en Londres el año pasado.
Cuando pienso en la Gran Bretaña en los años 90 - que pronto estarán de moda, dacosica avisa - pienso en cinco nombres: Lady Di, Tony Blair, Oasis, Paul Gascoine y Trainspotting. La adaptación cinematográfica de la novela de Irvine Welsh es uno de los films referenciales de aquellos años y junto a "Pulp Fiction", el más recordado por los jóvenes de la época.
La película toma el título de la expresión británica trainspotting, que hace referencia a la afición de ver pasar trenes pero también debe tener otros significados, probablemente relacionados con la heroína.
La trama es de sobra conocida: Renton (Ewan McGregor) es un drogadicto pero no lo es por problemas familiares o sociales sino por elección. El círculo cercano de Renton lo forman: un amoral fan de James Bond, Sick Boy (Jonny Lee Miller); un chico sano y deportista, Tommy (Kevin McKidd); el ingenuo y simpático Spud (Ewen Bremner) y el violento Francis Begbie (Robert Carlyle). Sick Boy, Spud y Renton son herionómanos, y pasan todo el tiempo inyectándose la droja que les ofrece su amigo Swanney (Peter Mullan).
A ellos se une una sensual "Lolita" (Kelly McDonald) a la que Renton conoce en uno de los escasos momentos en los que está desenganchado aunque, como se ve en el film, nunca llega a dejarlo del todo. Tommy acaba enganchándose a la heroína cuando su novia le deja tras un pequeño incidente con una grabación de vídeo casera y será finalmente Renton al único que logre dejar atrás su vida y a sus "amigos" mediante un engaño con las drogas (como no) de por medio.
Al margen de sus excelentes y rotundos diálogos (aquí), de su vistosa puesta en escena (influida por la estética del videoclip) y de su conocida banda sonora, destaca la sensación de autenticidad en cuanto a la descripción de una juventud nada "comprometida", nihilista hasta la autodestrución, de vuelta de todo antes de tiempo y absolutamente egoísta. Una visión quizás exagerada pero creo que más próxima a la realidad que el tópico "generación mejor preparada de la historia" tan poco creíble actualmente. Puro "realismo sucio", ver escena del W.C., sazonado con un negrísimo sentido del humor, algo que los británicos bordan siempre.
El director es el oscarizado (Slumdog Millionaire) Danny Boyle, que tras dar tumbos por Hollywood con filmes como "La playa" (2000), enfadarse con McGregor por elegir a DiCaprio y rodar un interesante film apocalíptico ("28 días después") es uno de los directores más solicitados tras "127 horas" (2010). Para mi nunca ha llegado al nivel de "Trainspotting" aunque fue el brillante director de la ceremonia de inauguración de los XXX Juegos Olímpicos que tuvo lugar en Londres el año pasado.
| TÍTULO ORIGINAL | Trainspotting |
|---|---|
| AÑO | 1996 |
| DURACIÓN | 90 min. |
PAÍS
| Gran Bretaña |
| DIRECTOR | Danny Boyle |
| GUIÓN | John Hodge (Novela: Irvine Welsh) |
| MÚSICA | Varios |
| FOTOGRAFÍA | Brian Tufano |
| REPARTO | Ewan McGregor, Robert Carlyle, Jonny Lee Miller, Ewen Bremner, Kelly MacDonald, Kevin McKidd, Peter Mullan, James Cosmo, Eileen Nicholas, Susan Vidler, Pauline Lynch |
| PRODUCTORA | Channel Four Films / Figment Film / The Noel Gay Motion Picture Company |
14 mar 2013
Cuentas claras en JOE'S
Por Alejandro Tejerina Gutiérrez
La noche
pintaba mal y a mí nunca me ha gustado pasear por la calle sin sombrero.
Olvidado en el amplio ropero de Brady Allison, mi último y generoso cliente,
bien podía esperar por mí. Había salido huyendo de aquella fiesta de pijos, así
que regresaría por él al día siguiente. Mientras llegaba el nuevo amanecer decidí
refugiar mi alopecia en Joe’s. Suelo dejarme caer por Joe’s porque es el tipo
de lugar donde puedes pedir lo de siempre y eso es exactamente lo que te sirven
ante tus preciosas narices. El nombre en el letrero luminoso obedecía a un
apego económico a lo tradicional, ya que el local de Joe había pasado a manos
de Carl hacía una década; de Carl pasó a Stew, y de Stew al dueño actual, Slim
Tim. Slim era el tipo más idiota que haya regentado un garito jamás. Pensaba
que yo tenía estilo, y solo los más tirados del barrio piensan eso de mí. Tenía
más cuentas sin pagar que el gobernador, pero la mayoría eran de la pasma, así
que nunca le cerraban. Slim era un tonto, sí, pero con suerte. Y hablando de
suerte…
Eché un
vistazo al periódico y comprobé que había tirado a la basura otro puñado de
dólares en las carreras. Imaginé que mi contable estaría bufando. Speedy Taylor
no era una apuesta inteligente pero yo siempre me he dejado llevar por los
pálpitos, y aunque me han ayudado a resolver la mayoría de mis casos no terminan
de hacerme millonario. Decidí que si al día siguiente recibía una llamada
hostil por parte de mi contable le daría la patada de una vez por todas.
Porque, ¿para qué narices necesitaba yo un contable?
—¿Lo de
siempre?
—Tú sí que
sabes, Slim. A propósito, ¿quién es la pelirroja que está animando el ambiente
con sus ronquidos al final de la barra?
—No lo sé.
Es la primera vez que viene por aquí. Solo ha tomado un sorbito de whisky y
mira en qué estado se encuentra. Lleva así un par de horas. Creo que ya va
siendo hora de que regrese a casa.
—Si no
sabes cómo despertarla, te daré un consejo: pínchale con el primer palillo con aceituna
ensartada que encuentres.
Tuve que
sonreír. Slim es de esos tipos a los que hay que explicarles cuándo uno está de
broma. Slim me devolvió la sonrisa y me dejó solo.
—¿Qué
miras, encanto? —me dirigía ahora a Tony el tuerto, que no dejaba de observarme
desde la mesa de billar con la mandíbula prieta. Llevaba meses queriendo darme
un puñetazo en toda la cara. Consideraba que haber ayudado a enchironar a su
hermano era una buena razón para ello.
«Mala
noche para lucir palmito por aquí, chaval», pensaba mientras esperaba a que
Slim regresara con el néctar de los dioses al son del tamborileo de mis dedos
sobre la barra. Llevaban un ritmo tan endiablado que el mismísimo Duke
Ellington hubiera sentido envidia.
Tony no me
quitaba el ojo de encima, y yo estaba dispuesto a proteger el bonito rostro del
niñito de mi madre. Al menos hasta mañana. Abandonó el taco sobre la mesa, se
acercó a la barra y dejó caer su enorme trasero en el taburete contiguo al de
la bella pelirroja durmiente.
—¿Es tu
novia, Tony? Tu mamá debe estar contenta.
No respondió;
se limitó a seguir lanzándome dardos imaginarios con el ojo sano. Slim había
advertido el denso tufo a pelea que flotaba en el ambiente y no se atrevía a
salir de dondequiera que estuviera. Finalmente Tony decidió abandonar su
hieratismo alargando su peluda manaza en dirección al cenicero de mármol.
Empecé a pensar que Slim no era tan idiota después de todo.
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