20 feb 2018

Walter Hill: el último hombre de acción

Recientemente se ha pasado por TV (¡en abierto!) la última película del veterano realizador norteamericano Walter Wesley Hill, llamado Walter Hill (Long Beach, 1942), titulada "Dulce venganza" (2016) y es un magnífico motivo para recordar a este excelente realizador que ya no cuenta con el favor del gran público pero que está detrás de uno de los mayores fenómenos cinematográficos del séptimo arte: la saga Alien. Pasamos pues a hacer un rápido repaso por las películas dirigidas por él hasta hoy y que, salvo excepciones, conforman una vigorosa filmografía, la de un director heredero de los clásicos (Ford, Peckinpah, Hawks) y el mejor director de cine acción vivo para el que suscribe. Walter Hill se introdujo en el mundo del cine como muchos otros directores empezando ayudante, participó en el debut de Woody Allen Toma el dinero y corre (1969) y en Bullit (Peter Yates, 1968). Ahí conoce a Steve McQueen quien le presenta a Sam Peckinpah para el que escribe el guion de La huída (1974) protagonizada por el propio McQueen y que se convierte en un tremendo éxito. Su mezcla de acción, seca violencia y romance hace que Hill se convierta en una estrella en Hollywood y pueda dirigir su primer film, El luchador (1975). De modesto presupuesto con moderado éxito, le permite coger experiencia y ganarse el respeto de la crítica, que no de su protagonista, Charles Bronson, enfadado porque no le dio suficiente importancia al papel de su esposa, Jill Ireland.
En 'Driver', "El conductor" y "El detective" son dos profesionales con sus propios códigos.
Tras ella llega Driver, sin duda un film mayor, protagonizado por la estrella del momento, un excelente Ryan O'Neal, que interpreta a un conductor que ayuda a escapar a ladrones de bancos. Un profesional de pocas palabras pero con un código de honor inflexible. Se enfrenta a él un policía (Bruce Dern) capaz de saltarse la propia ley para cazarle. Aquí dos temas recurrentes en su cine: la profesionalidad y los escenarios urbanos son los protagonistas, destacando unas brillantes escenas de persecuciones automovilísticas y unos diálogos de frases secas y certeras.
En 1979 llega la película que marcará su carrera, Los amos de la noche (The Warriors) libre versión de la novela de Sol Yurick , inspira a su vez en la Anábasis de Jenofonte. Una pandilla de la ciudad de Nueva York tiene que regresar a su territorio, Coney Island, después de que son inculpados por el asesinato del respetado líder que pretendía unir a todos los grupos. De una plasticidad y fluidez narrativas insuperables, es un clásico ya del cine moderno aunque, curiosamente, ciertos incidentes en su estreno la convirtieron en un film que no cosechó gran éxito en su momento. Como explica Walter Hill en esta entrevista logró superar el enorme riesgo de parecer ridícula por su estética transmitiendo el aliento épico de la historia.
'La presa' más que un film bélico es casi una película de terror
Hill vive su mejor momento gracias al éxito de "Alien" (Ridley Scott, 1978) y aprovecha para rodar el que sería su primer western aunque en el fondo todas sus películas tienen algo del género. "Forajidos de leyenda" (1980) es un western "realista" hasta el punto de que los personajes de hermanos (los James, los Younger y los Miller) son interpretados por hermanos reales: las familias Keach, Carradine y Quaid. Pero a la vez es un homenaje a su admirado Sam Peckinpah, a su estilo seco y melancólico, casi romántico, añoranza de otro tiempo y otra forma de vivir.
No tuvo tanto éxito cuando en 1981 estrena "La presa", donde repiten algunos actores de sus anteriores films y que a mí me parece uno de sus mejores películas. Construida con precisión y un notable sentido de la tensión, nos cuenta la historia de un grupo de miembros de la Guardia Nacional de maniobras, acorralados por los nativos "cajun" de una zona pantanosa de Louisiana, donde las condiciones ambientales y el propio miedo de los protagonistas a lo desconocido lleva a momentos casi de cine de terror. Una película de lenguaje procaz, viril, de sufrimiento y supervivencia con un ambiguo final. Fue tomado, pese a que el director asegura que no lo pretendía, por una parábola sobre Vietnam.
Nolte, Hill y Murphy durante el rodaje de 'Límite: 48 horas'
El fracaso (en EE.UU., no en Europa) de "La presa" lleva a Hill a adaptar un guion ajeno, del también directo Roger Spottiswood titulado "Límite: 48 horas" (1982) el cual abre todo un nuevo subgénero del thriller: las películas de colegas. Con un par de actores en estado de gracia como Nick Nolte y Eddy Murphy, se trata de un vigoroso film de acción, con diálogos certeros, historia envolvente y momentos para todo: violencia, risas (genial la escena del bar con Murphy haciéndose pasar por poli) y mujeres de carácter (otra seña de identidad del cine hilliano) en un cóctel que funciona a las mil maravillas, entretenimiento de primera que, lástima, tuvo una continuación en los 90 menos afortunada.
En 1984 llega "Calles de fuego" de la que ya hablé aquí, es una de sus mejores películas y además de repetir sus temas recurrentes (héroe solitario, música y acción) le añade un estilo de cómic evidente que es su otra gran pasión.
Tras "Calles de fuego" viene "El gran despilfarro" una anomalía en su filmografía y pese a algún momento interesante, una comedia totalmente fallida. No he visto "Cruce de caminos" (1986) una cinta sobre un joven guitarrista de Blues, interpretado por Ralph Macchio, pero sí su siguiente film, la extraordinaria "Traición sin límites". Thriller fronterizo, protagonizado por un vehemente Nick Nolte, narra una enrevesada trama de amistades traicionadas, triángulo amoroso, mercenarios con honor, tráfico de drogas y México como infierno y a la vez paraíso perdido. Equilibrada, brillante por momentos, con tiroteos magistrales, recuerda en su final a "Grupo salvaje" de Peckinpah, un western travestido de film policial y una reflexión sobre la profesionalidad, el deber y la nobleza con una María Conchita Alonso sufridora y supersexy. Una lástima su sonoro fracaso en taquilla que condiciona el resto de su carrera.
'Traición sin límite' es un western "disfrazado" de policial contemporáneo
Reincidiendo en la buddy movie, "Danko, calor rojo" (1988) es una película digna, con buenos momentos pero a la que le perjudica el déficit de humor: James Belushi no es Eddy Murphy por más que Schwarzenegger esté correcto. "Johnny el guapo" (1989) obtiene buenas críticas mas no logra levantar su carrera así que decide refugiarse en la TV (la serie Historias de la Cripta),en su labor de guionista y productor además de recuperar a Ripley y con ella a la saga Alien. 

En 1992 rueda "El tiempo de los intrusos" (pendiente de ver también) y al año siguiente, gracias al resurgir del western impulsado por el éxito de Kevin Costner y Clint Eastwood, dirige la soporífera "Gerónimo, una leyenda" biografía parcial del jefe indio que no pasará a la historia como uno de sus mejores films, tener a Matt Damon siempre es una rémora. No cabe, por suerte, decir lo mismo de la espléndida "Wild Bill" (1995) basada en la vida de Wild Bill Hickok, con un gran reparto que incluía a , ,  y a viejos conocidos de su cine como Bruce Dern o Keith Carradine. Casi una pieza de cámara por cuanto la mayoría del metraje transcurre en saloones e interiores, es una reflexión sobre la realidad y la leyenda, un film más cercano a Ford que a su querido Peckinpah, no exento de cierta desmitificación pero siempre mirando con respeto cuando no cariño a unos personajes fuertes y bien definidos, su último western y una maravillosa película. 
Tras rodar "El último hombre", remake de "Por un puñado de dólares" (1964, Sergio Leone) o, mejor dicho de "Yojimbo", (1961, Akira Kurosawa), Hill rueda la que sería su primera y única incursión hasta el momento en la ciencia-ficción: "Supernova".
Lastrada por enormes problemas de producción (sobrecostes, cambios en el guion, retirada de Hill antes de terminar, montaje de los productores) que llevaron, y esto lo leí en la revista "Dirigido por.." en la reseña de su estreno, a ser terminada por Francis F. Coppola, no es el desastre que se dijo en su momento y, creo, se ve beneficiada de tanto vaivén hasta convertirse en una auténtica rareza, con momentos realmente confusos pero inquietante, espectacular y muy entretenida. Un film a recuperar.
Desde ahí hasta hoy no he visto nada de Hill, le perdí la pista aunque me alegré mucho del éxito de su serie "Deadwood" (2004) en la nueva edad de oro de las narraciones catódicas. También obtuvo mucho éxito la miniserie "Los protectores" (2006), ambas producciones que le permitieron regresar a su género favorito, el western.
No obstante ni "Invicto" (2002) ni "Una bala en la cabeza" (2012) logran recuperar el éxito de antaño de su realizador ni de sus protagonistas, unos caducos Wesley Snipes y Sylvester Stallone, respectivamente.
Y llegamos a la actualidad. Hill ha colaborado en dos comics, basados en guiones suyos que nunca se realizaron y continua con la saga del letal alienígena con dos films más de la mano del director de la original, Ridley Scott: en ambas opta por olvidarse de Ripley tomar un nuevo camino lo cual es digno de admirar en este época de remakes y repetición de fórmulas. 
'Dulce venganza' última incursión, hasta la fecha, de Hill en la dirección
Como decíamos, Hill es un apasionado del comic, de niño debido a problemas de salud pasó mucho tiempo en casa devorando tebeos, su influencia es evidente en obras como "Los amos de la noche", "Calles de fuego" o incluso "Supernova" así que no sorprendente que su último film sea precisamente una adaptación de la historia "Cuerpo y alma" una de las dos anteriormente mencionadas.

Adaptada con el título de "Dulce venganza" (2016), es un film claramente serie B, en la que dirige por primera vez a su amiga Sigourney Weaver, en el papel de una vengativa y fría cirujana, la cual cuenta toda la historia en un flashback que sirve para esconder la sorpresa final que no descubriré. No es lo mejor, sinceramente, que ha hecho Hill pues parece un cruce entre "La piel que habito" (2011, Almodóvar) y "Por un puñado de dólares" además de contar con una protagonista (Michelle Rodríguez) tan sexy como endeble. Mas tiene a su favor el oficio del director, el trabajo de la Weaver y una gran fluidez narrativa que junto con sus escasos 90 minutos la hacen llevadera.
Bueno pues así es el cine de Walter Hill, o así me lo parece, un director y guionista de los que ya no quedan y que no debería caer en el olvido, de las nuevas generaciones depende.


4 feb 2018

Britpop ¿sólo humo?

Eran jóvenes y no se depilaban el entrecejo
El reciente fallecimiento de la cantante del grupo irlandés The Cranberries, Dolores Mary Eileen O'Riordan,  me ha traído viejos recuerdos musicales de la (para un servidor) juvenil década de los 90 y, además de recuperar el espléndido single "In your head", traer a colación un movimiento contemporáneo al grupo de la buena de Dolores: el Britpop.
Denominado por ahí como "movimiento cultural de rock alternativo" para mí, que no era fan de ellos (ni de casi nadie), pasó sin pena ni gloria, observando un poco atónito el supuesto éxito de unos grupos que me parecían agradables, con alguna buena canción pero mucho menos trascendentes y más olvidables de lo que se creían. Su legado apenas perdura y ellos han pasado a mejor vida, salvo excepciones.
Los británicos son muy suyos y no podían consentir que los piojosos americanos del grunge (movimiento del que personalmente sólo salvo a Nirvana) les robaran protagonismo así que con la crítica de su parte y con grupos como The Smiths o The Stone Roses en la memoria más unas gotitas de glam rock y David Bowie surgieron como churros grupos de pop-rock melódico, de fácil digestión (pero con ínfulas) y rivalidad entre sus bandas señeras: Oasis y Blur.
Los primeros, de Manchester, los segundos, de Londres tenían ligeras diferencias, aunque sus respectivos líderes (los Gallagher, Damon Albarn) se parecían  en su habilidad para soltar la primera chorrada sobre el rival que se les pasase por la cabeza cada vez que alguien les ponía un micrófono delante, además de en la agitación de eslóganes para fans y el reírse de todos. Para mi gusto los de Manchester eran más maleducados aunque eso les dio un aura de mayor "autenticidad" del que carecieron los demás.
Brett Anderson líder de Suede, siempre impecable
Las bandas
¿Y los demás? pues bien, gracias. Suede fue en realidad el pionero del Britpop siempre con la prestigiosa (vaya a saber usted el por qué) crítica musical británica. Su single  "The Drowners",  fue la punta de lanza de un auténtico aluvión de bandas de entre las que destaca también Elastica, liderada por la "musa" del Britpop, Justine Frischmann, ex-novia de Brett Anderson líder de Suede (empezaron tocando en el mismo grupo) y que luego se unió sentimentalmente a Damon Albarn formando una efímera pareja ultracool. Su canción más famosa fue "Connection", de su primer álbum, pero luego la banda quedó eclipsada por otras y con la marcha de su lideresa a EE.UU. para estudiar psicología y artes plásticas (¿son o no son modernos?) desapareció.
Otro caso de banda de éxito fulgurante y posterior declive fue The Verve, con el carismático Richard Ashcroft al frente. Estaba claro que tras el superéxito de "Bitter Sweet Symphony" el listón se ponía muy alto y aunque se han mantenido en activo de manera intermitente hasta hoy, no dejarán de ser una banda que no llegó a cumplir todas las expectativas creadas.
Pulp es un caso curioso: nacida muy a comienzos de los 80, por la juventud de su líder, el amanerado Jarvis Cocker, y la rotación de sus miembros, se ha mantenido hasta 2013 casi de manera ininterrumpida en la brecha mas es en los 90 y adscritos al Britpop cuando dan la campanada. Su disco His'n'hers y su Common People les da éxito y prestigio. No son de mi gusto la verdad pero estaban en la banda sonora de "Trainspotting" (1996), otro disco importante para el Britpop.
Blur. En Londres son más pijos
Momentos clave
Además de la banda sonora de la película británica más llamativa de la década donde aparecían canciones de Pulp, Elastica (la genial 2:1) y Blur hubo otros fenómenos destacables en aquellos musicales años 90. El Glastonbury Festival of Contemporary Performing Arts 1995 es quizás el momento y el lugar clave de coronación del Britpop. Festival no sólo musical sino también artístico, organizado en medio del campo por un avispado granjero que copió el conceto de los festivales americanos (Woodstock, Bath) contó ese año con Oasis, Elastica y Pulp. Un poco de mitología, extendida también por modernos de países no anglosajones (recuerdo cómo flipaban en Radio 3) y el lanzamiento de una película sobre los festivales anteriores hicieron el resto. Radio Head, un grupo más rockero, fue el rey en 1997. Pulp volvió en 1998, esta vez con Blur y compartiendo protagonismo con los grupos y artistas dance. Robbie Williams ya era la estrella y anticipaba el principio del fin.
Otra fecha clave es la publicación en ese verano de 1995 de los álbumes de Blur, The Great Scape y Oasis, (What’s the Story) Morning Glory?: Blur ganó la batalla, Oasis la guerra. "Country House" de Blur, dedicado a los hermanos Gallagher, vendió más que "Roll with It" de Oasis pero el álbum de los de Manchester, vendió más que el de los londinenses. El éxito mundial de "Wonderwall" y "Don’t Look Back in Anger" marcó la década y el futuro de ambas bandas, "The Universal" o "Charmless Man" quedaron en el olvido.
Mas decíamos al hablar de Glastonbury que el fin se acababa, se acabó la máquina de hacer dinero, demasiados comensales para tan poco pastel que además quedó acaparado en el siguiente milenio por el grupo británico que acabó con todos los demás: Coldplay.
Los demás se separaban bien fuera por rencillas internas (Oasis, Suede), nuevos proyectos (Blur), las adicciones (The Verve)... algunos siguen en la brecha o han vuelto pero más para satisfacer a nostálgicos y hacer caja que para otra cosa. Igual ahora son mejores sus discos, lástima que pocos quieran escucharlos.
Elastica. Vestidas y peinadas así ¿cómo esperaban cazar un buen marido?
Plagios
No quiero terminar sin dejar constancia de algo muy comentado sobre el Britpop: los plagios. Muchos grupos fueron amigos de lo ajeno, aquí recuerdo los más sonados lo cual, ya digo, no quita para que la copia guste más que el original.
- "Connection" de Elástica tiene la misma introducción al teclado, que luego se repite durante la canción, que "Three Girl Rhumba" de Wire. El grupo los demandó, llegando ambas bandas a un acuerdo extrajudicial.
- "Oasis" plagia en Step Out a Stevie Wonder y su Uptight, hay que esperar un minuto pero es descarado.
- M.O.R. de Blur es una copia de Boys Keep Swinging de David Bowie. Es cierto que Bowie siempre fue reconocido como una influencia por estos chicos, pero esto es pasarse.
Bueno, quien haya leído esto pensará que igual desprecio mucho el Britpop: nada más lejos de la realidad. ¿Plagios? U2, George Harrison, Coldplay, Enrique Iglesias y un largo etcétera de artistas de todo tipo y época han caído consciente o inconscientemente en él. Para mí queda un buen puñado de buenas canciones (y videoclips) y la revalorización de la música británica que andaba algo decaída. Además, pueden llamarme rancio pero en general eran chicos y chicas bien vestidos, sobre todo comparado con lo que se ve hoy en día sobre el escenario. Dejo para el que les interese una lista de mis canciones favoritas:
Blur - Song 2
The Verve - Bitter suit symphony
Suede - She's in fashion
Elastica - Connection
Oasis - Wonderwall y Don't look back in anger