12 abr 2019

Once upon a time in California

No se ha estrenado la espera última película de Tarantino, "Once upon a time in Hollywood" (2019) mas creo que no la presencia de la malograda Sharon Tate en ambos films (en una como actriz, en otra como personaje) me viene que ni pintado para comentar esta afilada comedia, última obra de un director tan admirado en su momento como olvidado hoy en día: Alexander MacKendrick.
Director norteamericano que vivió su infancia y juventud en Reino Unido, etapa traumática para él por la muerte de su padre y por la ausencia de su madre, quien se quedó en EE.UU. lo cual influye en lo que luego serían sus trabajos para el cine. También se ve marcado por sus inicios laborales, en el mundo de la publicidad y, como muchos directores de su generación, fue reclutado durante la II G.M. para rodar filmes propagandísticos. Tras una no muy larga carrera cinematográfica prefirió centrarse en la enseñanza. De entre sus películas destacan: "El quinteto de la muerte" (1955), magistral comedia negra, destrozada años después por los Coen en un nefasto remake; "Chantaje en Broadway" (1957), una ácida visión del periodismo que supuso su primera colaboración Tony Curtis y "Viento en las velas" (1965), una clásico del cine de aventuras nada convencional que fue un fracaso. "No hagan olas" (1967) nos cuenta como, después de un desafortunado encuentro con la joven italiana Laura Califatti (Claudia Cardinale), que le hace perder todo cuanto tiene en el mundo (un viejo Volkswagen escarabajo con todas sus pertenencias), Carlo Coldfield (Tony Curtis) se instala en la casa de esta. Enseguida descubre que es la amante de un empresario (Robert Webber), vendedor de piscinas y lo chantajea para lograr un puesto en su empresa. Por otro lado, Carlo se zambulle en el ambiente de las playas californianas donde el movimiento hippy y el culto al cuerpo son las nuevas religiones. Allí conoce a la atractiva paracaidista llamada Malibú (Sharon Tate) y Harry (David Draper) su ingenuo novio culturista.
Bajo la apariencia de comedia sofisticada de enredo, tan típica de los años 60, el agudo MacKendrick nos hace una ácida reflexión sobre el arribismo, la superficialidad de la sociedad, la obsesión por las apariencias y el dinero y, sobre todo, la falta de escrúpulos y valores de algunas personas. En uno de esos típicos momentos de este tipo del films en los que hay un montón de personajes en pantalla y se producen distintos equívocos, el protagonista, interpretado de manera certera por el gran Tony Curtis, se describe ante su futuro socio (tan amoral como él) como alguien con "la moralidad de un simio, el encanto de un esquizofrénico, la sensibilidad de un rinoceronte y los escrúpulos de un chantajista". Poco más que añadir ante tan certera confesión.
El mismo Carlo, hábil vendedor sin escrúpulos, se comporta de idéntica forma en los asuntos amorosos. Trata, con mezquinos ardides, de convencer al pobre novio de Malibú de que el sexo con ella es malo para su próxima competición y debe dejarla. No contento con ello y conocedor de que Harry sigue con fe ciega los designios del horóscopo, soborna al hombre que lo escribe ofreciéndole una piscina con las constelaciones astrales en el fondo (sic) para lograr sus fines. Mas una vez logrados sus propósitos: éxito profesional, mujer voluptuosa, casa ostentosa, coche lujoso... llega el vacío, la decepción (Malibú es tan buena como simple) y el posterior y literal derrumbe de su vida, con resultados más cómicos que trágicos.
No obstante, Carlo no es el peor de los personajes que vemos en pantalla. La mujer de su jefe (Joanna Barnes), harta de las infidelidades de su marido no duda en tratar de engatusarlo ofreciéndole el control de la empresa incluso llega a insinuarse sexualmente para lograr sus propósitos. Laura, celosa de Malibú, trata de inmiscuirse en los asuntos de Carlo, siendo además una mujer que quiere alejarse del hombre de quien depende económicamente más tampoco se atreve a dar ese paso. Al final todos, incluido el personaje del marido, que se supone más negativo, acaban resultando pobres diablos, superados por unas circunstancias que les sobrepasan en una sociedad con unos valores que les hacen profundamente infelices y necesariamente mezquinos para poder sobrevivir. Como toda comedia clásica, los equívocos desembocan en un divertido final, donde todo se resuelve de forma tan simpática como poco creíble.
El final feliz no le resta ni un ápice de efectividad a esta sátira de un mundo que, de entonces a ahora, ha cambiado muy poco y quizás incluso para peor.

Ficha:
Título original Don’t make waves
Nacionalidad EE.UU.
Año 1967
Dirección Alexander MacKendrick
Guion Ira Wallach, George Kirgo (Novela: Ira Wallach)
Música Vic Mizzy
Fotografía Philip H. Lathrop
Reparto Tony CurtisClaudia CardinaleSharon TateRobert WebberJoanna Barnes,Edgar BergenDub TaylorJim Backus
Productora Filmways Pictures

1 abr 2019

¿Cambiar la ley electoral?

En los últimos días y pese a que no ha comenzado todavía la campaña electoral para las generales (¡Dios, qué pereza!) se ha agudizado la discusión sobre la ley electora y el sistema representativo, conocido por ley d'Hont. Esto nos retrotae a la ahora tan cuestionada Transición democrática y a la decisión, que se tradujo en la Ley de Reforma política de enero de 1977 y que supuso la elección de un sistema proporcional basado en esta ley (hay otras, no crean que es tan simple) que en principio no convencía a Adolfo Suárez, quier prefería uno no proporcional sino mayoritario: para entendernos, más parecido al anglosajón o incluso al francés.
Hoy día los que más se quejan con este sistema son los partidos con presencia nacional pero minoritarios, básicamente UPyD e IU. Ahora, dada la irrupción de los llamados nuevos partidos (C's y Podemos) estos también han abiero el debate mas cada uno tiene su estilo y propuesta. Pero lo más llamativo es el caso del partido político que, parece, va a revolucionar el espectro político del país: VOX. La formación dirigida por Santigo Abascal no se queja, de momento, del sistema sino de los llamamientos del PP al llamado voto útil en las circunscripciones pequeñas (con 4 ó menos escaños), donde según los expertos se va a cocinar la más que probable victoria socialista. Pero, ¿es tan injusto el sistema actual? Veamos
Gráfico: eldiario.es
Observando este gráfico un servidor saca unas conclusiones:
- Las sumas "partidos de derechas" y "partidos de izquierdas" llevan a lo mismo: no hay mayoría absoluta. [169-156] [167-156]
- Aparece un nuevo partido, PACMA, con cuatro diputados, lo cual es justo pues tiene el doble de votos que EH y mientras los proetarras sacan 2 ellos se quedaban fuera. Pero ojo, es un caso aislado, sería el único partido que pasa de estar a no estar. No parece un enorme cambio.
- Los partidos nacionalistas no se ven tan perjudicados como parece y sólo Pdcat y PNV perderían un escaño, el resto tal cual.
Esto demuestra que lo de la circunscripción única es importante pero no decisivo... salvo que se de el caso actual, es decir, una sociedad bastante dividida y con dos bloques que, a su vez, también están muy divididos porque ahora son cinco partidos nacionales. Aun así, el beneficiado (PSOE) no lograría la mayoría absoluta, ni siquiera podría gobernar con otro partido de izquierdas, necesitaría, por lo menos, a uno secesionista. Luego esto es más un problema de con quién pacto, pues la mayoría absoluta es una quimera de una u otra forma.
¿Cómo lo veo? pues malamente. Aquí ninguno está para sacar pecho. El PP bastante tendrá con seguir siendo segundo con la que está cayendo; Podemos se está desintegrando y si van cada un por su lado el batacazo puede ser mayor; C's crecerá pero la subida del PSOE le ha dejado como un partido irrelevante; VOX podrá presumir de una entrada fulgurante pero ni será decisivo ni se podrá quitar el estigma de rémora de la derecha que "permitió" ganar a Snchz.
No sé, creo que lo mejor sería un gobierno moderado, de coalición entre los partidos (o los diputados, porque dentro del mismo partido cada uno dice una cosa) que defiendan con firmeza la unidad de España, la Constitución (lo básico, no digo que no haya que reformarla) y sean capaces de enfrentarse a los retos económicos que se vienen con valentía y sin mentir al personal: Brexit, pensiones y recesión no son palabras que vayamos a olvidar pronto.
Ellos quieren lo mejor para ti
Eso es una Utopía, así que volviendo al principio mi propuesta es un modelo como el que está ahora implementando una doble vuelta: tras ver quién domina el hemiciclo, una semana después y viendo cómo respiran, los españoles votamos a quién queremos como presidente entre los dos candidatos más votados. A ver que tal, ¿no?