23 may 2020

Revisitando Camelot

En estos tiempos convulsos he aprovechado para leer un poco, y esto me ha servido para hacer esta entrada en la que hacer coincidir dos obras (de cómic y novela) que tiene un punto de partida común: la leyenda artúrica.
Arturo de Bretaña es un personaje clásico de la literatura medieval británica y francesa, se supone que está inspirado en un personaje real pero es solo eso, una suposición. La primera obra reseñable por parte británica sobre el tema es Historia Regium Britannae de Geoffrey Monmouth, donde aparecen personajes ya famosos como Uther Pendragón (padre de Arturo), Merlín y por supuesto Excalibur.
Tras ellos, más libros y estudios hasta llegar a la época actual donde el cine, el cómic, la TV, el teatro y hasta un musical han contado las aventuras de Arturo, Rey de Camelot. De todas ellas está claro que las más famosas son la estupenda película de John Boorman "Excalibur" (1981) aunque siento cierta debilidad por el musical "Camelot" (1967) de Joshua Logan, adaptación de la exitosa obra de Broadway. Así pues, el volver a Camelot, Arturo y Excalibur es inevitable pues los héroes, las tragedias y los altos idelales nunca pasan de moda. 

Camelot 3000, entre lo kitsch y lo clásico

Entre 1983 y 1985, DC Comics, publicó "Camelot 3000" de Mike W. Barr y Brian Bolland. Barr, guionista, retoma la historia de Arturo en el año 3000, enfrentar a nuestro mundo a una invasión alienígena abrumadora y brutal, y resucitar al rey Arturo y a los más notables caballeros de la Mesa Redonda. Sin embargo, pronto sabremos que detrás de ello están también los malos clásicos de la historia: Morgana y Modred. 
Con una trama bastante compleja aunque fiel al original, el guionista trata de incluir temas "fuertes" como la homosexualidad (más bien lo que hoy se llamaría "identidad de género") y la violencia explícita. Para lo primero juega con la identidad sexual de algún personaje, como Tristán, que reaparece como Arturo en el Siglo XXXI pero en el cuerpo de una atractiva mujer, lo cual dificulta su vida amorosa. Por otro lado, Lanzarote y Ginebra siguen sintiendo algo el uno por el otro y su como en la obra clásica, entorpece la lucha contra el enemigo común. Merlín es, nuevamente, un personaje clave, muy atractivo por su estilo, su ambigüedad y sus propias inseguridades. 
Asimismo, me parece un acierto cierto toque humorístico, necesario sobre todo al comienzo dado lo descabellado del proyecto. Y lo mismo digo de la presencia de un personaje humano, Tom Prentice, quien "despierta" a Arturo en Glastonbury convirtiéndose, a lo largo de la historia, en su escudero y testigo de excepción de la trama. Ese comienzo es bizarro, pero necesario.  
En el apartado gráfico, Bolland brilla con luz propia, alejado todavía de la estética oscura y tenebrista que rodearía el comic de masas desde entonces. Esto tiene un pero y no es otro que una estética algo naïf o kistch, según el gusto del lector, claro. Parece lejanamente influída por la adaptación cinematográfica de "Flash Gordon"(1980, Mike Hodges) lo cual no beneficia a la obra cuando esta se pone "seria". 
Mas esto es poca cosa debido a todo lo bueno que tiene este tebeo, entretenido, dinámico y brillante, que nos devuelve la ilusión de un reino utópico más justo, donde los gobernantes tenían honor, palabra, valor y daban la vida por su pueblo. El final es, en este aspecto, antológico y fiel a la leyenda. 

Al servicio de Netflix: Maldita, la novela

No descubro nada cuando digo que la plataforma Netflix es una máquina de hacer dinero que necesita ideas nuevas para aumentar su gama de productos. Así que han cogido a Frank Miller para que haga unos dibujos un poco malos en un libro y así ilustrarlo y a Thomas Wheeler, un productor y guionista que tiene en su haber una serie de escaso éxito como "The Cape" y, estas sí exitosas, las obras de animación de Dreamworks "El gato con botas" y "Trollhunters" o "Lego Ninjago, la película" de la que escribió su guion, para que escriba una novela sobre la serie que vendrá después. Todo ¿para qué? pues para sacar dinero antes de cara a lo interesante, la serie "Maldita" que Netflix estrenará este verano. 
La "historia" comienza de forma efectista: un poblado es asolado por un grupo de bárbaros guerreros (cristianos, los malos favoritos de lo políticamente correcto) llamados Paladines Rojos, mandados por un fanático religioso que odia a los paganos y mata viejos, mujeres y niños. Pero claro, estamos en el siglo XXI (el lector, no la historia) y el héroe, Arturo, no puede ser el protagonista sino un simple mercenario, algo cobarde y pendenciero: quien arranque Excalibur de la roca no puede ser un hombre, sino una mujer. Una chica joven, Nimue, una mujer odiada por los suyos (abandonada por su padre) por ser maldita, por ser hija de la hechicera. Si aún no no habéis huído con esta sarta de tópicos aún hay más pero os dejo que lo descubráis pues es una obra digna de esta Era de Juego de Tronos, con sorpresas, paternidades secretas, giros inverosímiles y, al menos eso sí, algo de humor de la mano del personaje de Merlin, aquí más un pícaro que un mago. También, es justo reconocerlo, se lee fácil porque tiene mucha acción, eso sí, a costa de un diseño de personajes simple y vacuo. 
No entiendo que alguien del prestigio de Miller se mezcle en algo así salvo por una cuestión monetaria, una pena. 

13 may 2020

Pandemia

Quizás no sea el momento de hablar del traumático trance que pasa el país, y mucho menos el lugar, pero siento que debo dejar aquí al menos mi impresión. No le importará a casi nadie... ¿o sí?
Lo primero que tengo que decir es que no me parece que esta pandemia tan letal deba ser tomada como una excusa para cambiar nuestra "forma de vida". Es algo ya instalado en occidente el autoculparnos de todo (siempre a título "general" nunca individualmente, los que se comportan mal son siempre los otros), occidente ha creado un mundo imperfecto y con injusticias pero que es a día de hoy, el mejor donde vivir. Hay algunos que no quiero nombrar (ecologistas) que carecen de escrúpulos y aporvechan la máxima de "crisis=oportunidad", no creo que debamos darles pábulo.
De ahí que sean comprensibles las quejas de algunos ciudadanos, no sólo en España, contra unas medidas que atacan la libertad de circulación y, en el caso de nuestro país, de expresión de manera, a mi modo de ver, clara.
Otra cuestión es el tema sanitario, ¿el error fue no tomarnos la amenaza en serio o no tener un servicio sanitario en condiciones? Países como Grecia o Portugal desmienten lo segundo, aunque luego está el tema económico, con el que terminaré. ¿Podemos permitirnos pensiones, subsidios y una sanidad mastodóntica? lo digo porque tener hospitales preparados para pandemias implica un nivel de inversión y de costes de mantenimiento que asusta.
El tercer tema, y no poco grave, es el de los medios de comunicación y las RR.SS. Los primeros han ofrecido, salvo excepciones, una visión adulterada y edulcorada de la realidad, ¿por qué para concienciarnos se ponen fotos horribles de las consecuencias del tabaco en las cajetillas y del coronavirus no vemos ni gente en la UCI ni morgues? ¿por qué vemos cadáveres desparramados en accidentes de tráfico, tren o avión y aquí no? Ya de la manipulación informativa y las luchas entre partidos ni hablo. A Ayuso en Madrid la critican hasta por dar mascarillas "demasiado buenas" (?) y se está ensalzando a responsables (el doctor Simón) que hace dos meses minimizaban los efectos de la pandemia. No se tapan ni un poquito.
Mención aparte para los actores, estrellas televisivas, humoristas, periodistas deportivos etc, metidos ahora a hablar del virus porque no tienen trabajo: se han puesto del lado del poderoso o directamente han hecho el ridículo por minimizar o dar datos falsos sobre la pandemia. Llamarles sectarios es quedase corto.
Las RR.SS. por un lado han servido para contar lo que los medios no se atrevían, han sido una fuente mayor de realidades que de "bulos" mas hay que reconocer que, más que para esparcir mentiras, a veces son máquinas de odio que ya son armas politicas de destrucción masiva con soldados-twiteros en cada bando y sus propios generales.
Si por una vez tiene razón, se dice y no pasa nada.
El último punto es el para mí más grave: la economía. Y digo más grave porque la catástrofe sanitaria terminará tarde o temprano (incluso si hay repunte) pero de un drama con millones de parados y un país dependiente del turismo sin turistas no hay quien nos levante fácilmente. Para mí la llamada renta mínima vital y un nuevo impuesto a los "ricos" no es que sean solo demagógicos, es que no funciona. Lo primero ya se probó en países como Finlandia y lo único que hace es desincentivar la búsqueda de empleo y generar economía sumergida; lo segundo ya existe, se llama impuesto patrimonial pero no vende tanto hacer una subida, más aún si puede afectar a gente que no es rica sino simplemente trabajadora que en su vejez puede disfrutar de un cómodo nivel de vida. Porque hay que ser muy ingenuo para creer que los ricos van a ser los que paguen el pato.
En fin, mi más sentido pésame para todos aquellos que perdieron a un ser querido, mis deseos a los que lo están pasando mal económicamente de que esto pase pronto y salud para todos. Ah, y la próxima semana...hablaremos del Gobierno.