20 nov 2017

En Vitoria, gastéis

Surgida en el camino de la calzada romana que unía Burdeos con Astorga, Vitoria es la capital de Álava y una de las ciudades más florecientes de España en los últimos veinte años. De clima extremadamente frío en invierno (que le vale el apelativo de Siberia) y caluroso y seco en verano, es una población con bastantes alicientes para el visitante, especialmente el gastronómico.
Pero empezando por lo serio, hay varios lugares dignos de destacar: el primero es la Catedral Blanca, es decir, Santa María. Su visita es muy interesante si se hace guiada, se le muestra al visitante los cimientos y toda la reforma y restauración que está realizándose desde hace varios años para salvaguardarla, dado su evidente deterioro. Resulta además ilustrativa para saber los orígenes de la localidad y su historia.

Plaza de la Virgen Blanca
También muy bonita es nueva catedral de Vitoria que data de comienzos del S XX y que fue construida dada la mala conservación de la más antigua. No se puede visitar como Santa María pero tiene un museo que permite apreciar su interior en todo su esplendor.
Otro lugar digno de visitarse es el Museo Fournier, un museo dedicado a la conservación, valoración, estudio y exposición de naipes, fundado por Félix Alfaro Fournier heredero el famoso empresario burgalés Heraclio Fournier.
Numerosos edificios públicos adornan la ciudad con mucha pequeña y mediana empresa y, por supuesto, una pudiente clase media. El Gobierno Vasco ha sido astuto poniendo Ajuria Enea y la sede de su gobierno en Vitoria, quizás queriendo ganarla para su "causa", ya que se ha ido alternando con el PP en su gobierno en los últimos años. Pero pasemos a lo importante: la gastronomía.
Destaco algunos locales que me gustaron especialmente aunque todos fueron de mi agrado. Primero el Sagartoki, el (mini) huevo frito con patatas es una delicatesen, aunque hay tal variedad que merecería la pena probar su menú degustación. Un lugar muy elegante, con lo que los precios van en consonancia. La Vermutería La Zapa en una boca calle de la Plaza de la Virgen Blanca, es un lugar más modesto pero con buenos pinchos, además estaba lleno, buena señal. La simpática jefa tuvo a bien invitarnos a un chisme por tardar en servir: un gesto que se ve poco hoy día y finalmente el Tulipán de Oro, situado en la calle correría Kalea, que baja desde la catedral pasada la zona digamos... "independentista", ahí tomamos un "chorizo al fuego" que sólo por ver cómo lo hacen merece la pena: de esos lugares donde nunca entrarías y si no entras lo lamentarás. Por cierto, sobre los bares abertzales, no es que me importe si la comida está rica, mas con mi dinero prefiero financiar otras cosas. Los que los han visitado dicen que se come bien y a precio más módico, justo es decirlo.
Parque de la Florida, una de las numerosas zonas ajardinadas de la ciudad
Y para acabar sería un pecado desaprovechar la presencia del restaurante con estrella Michelín como Zaldiarán. Todo muy rico, me gustó sobre todo una chuleta a la brasa para dos personas con unas patatas de sartén que ni una madre las hace así de bien. Pero lo dicho, gastéis.
No quería terminar sin dejar constancia de algo que enlaza con lo anterior: la sensación de "ciudad rica" que deja la capital alavesa; no sólo por sus comercios, su gastronomía su impecable limpieza, sus parques y su tranvía (una ciudad casi libre de humos); sino porque tiene algo muy típico del País Vasco como son los centros cívicos, que se construyeron merced a una legislación que obligaba a crearlos a las constructoras conforme se levantaban las viviendas, lo cual dota a la ciudad de una enorme "calidad de vida" imposibilitando casi totalmente la creación de barrios marginales sin infraestructuras ni servicios. No sé quién pagará esto (¿pagan muchos impuestos o tiene razón C's?) mas me parece un modelo francamente interesante aunque no sé si exportable a otros lugares de nuestro país.

8 nov 2017

Dos maestros del terror

El recientemente difunto George A. Romero fue un cineasta de lo que hoy se llama "de culto", eufemismo para decir que ha tenido poco éxito entre el gran público pero que gracias a puntuales éxitos y a sus acérrimos fans siempre logró mantenerse a flote. Especialista (que no pionero) en las películas de zombies, en las que terminaría por quedar encasillada su filmografía, dejó algún film destacable más allá de la simpática "La noche de los muertos vivientes" (1968), título tan interesante como nefasto por lo que tuvo de cliché para el subgénero.
Romero, como Corman, Carpenter y tantos otros maestros del género hizo de la necesidad virtud y de los presupuestos escasos obtuvo obras de gran ingenio, divertidas, inquietantes y hasta reflexivas. De su mejor época es esta "Creepshow" (1982), que probablemente cuente con el mayor presupuesto de su carrera (8 millones de $) y en la que dispuso de medios, colaboradores y actores de primera línea lo que dio como resultado un film excelente, divertido, macabro, un perfecto homenaje a los comics que leía en su adolescencia.
Dividida en cinco historias, cuenta con una introducción y desenlace que están conectados, pues es la historia de un niño (Joe King) al que su padre castiga sin leer los tebeos de terror por considerarlos "indecentes". El tono del film ya queda marcado aquí pues el niño no duda en echar en cara al padre las "revistas" pornográficas que tiene guardadas, lo cual le enfurece aún más. No es de extrañar que el personaje de progenitor quede tan mal parado: el guionista es nada menos que Stephen King, hijo de madre soltera y habituado a destrozar la figura paterna.
El día del Padre: Probablemente la más autoparódica de las cinco, es la típica historia de "muerto que vuelve de la tumba para vengarse" aunque con algunos toques de auténtica mala leche tan típicos de King como del director de "Zombie" (1978). Una familia millonaria y pija queda todos los años para celebrar el día del Padre y esperan la llegada de la tía Bedellia (Viveca Lindfors) asesina de su desagradable padre, la cual vive alcoholizada debido a los remordimientos. Éste, como no podía ser de otra forma, vuelve de la tumba con resultados tan cómicos como sangrientos. Muy lograda la atmósfera decadente de la casa y del siniestro jardín, destacar la presencia de un joven Ed Harris cuya muerte se produce en una escena que mezcla, como toda la película, lo cómico y lo siniestro.
La solitaria muerte de Jordy Verrill: cuenta la historia de un paleto granjero que cree encontrar en un meteorito caído junto a su casa la salvación a sus penurias económicas. Desgraciadamente la roca y su torpeza le llevarán a un final fatal. Protagonizada casi totalmente por el propio King que hace una memorable composición demostrando que ganamos un gran escritor pero perdimos un actor sensacional y (me temo) un cómico de primera. La graduación de la siniestra amenaza (magníficos decorados y maquillaje) demuestra la maestría del director para dosificar la tensión. En mi opinión es el  mejor relato pues además tiene, pese a su tono jocoso, el final más inquietante. Está ambientada cerca de sus queridas Portland y Castlerock.
Puedes aguantar la respiración: La idea de hacer de Leslie Nielsen un sádico asesino ya hace interesante este desigual cortometraje, que va claramente de más a menos. Nielsen localiza al amante de su esposa y decide vengarse de ambos con una terrible tortura: los entierra en la arena de la playa hasta la cabeza a la espera de que suba la marea y a él (Ted Danson) le pone un monitor para que vea en directo la muerte de su esposa. De un sadismo tremendo, la sonrisa cínica y las buenas formas de Nielsen hacen de su personaje un malvado tan simpático como diabólico que se gana nuestro favor. De ahí que su final, por otro lado previsible, nos resulte algo decepcionante. Nuevamente buen acabado formal, destacando el chalet de Nielsen en la playa y el inquietante plano de Danson bajo el agua aguantando la respiración.
La caja: para mí el más decepcionante pues lo tenía todo para ser el más inquietante de todos. Comienza muy bien, en la fiesta en una universidad donde el grotesco personaje de la mujer del catedrático interpretado por (Hal Holbrook) es "asesinada" en la imaginación de éste. La mala baba y el desprecio a lo vulgar aquí se dan la mano de manera brillante. Luego todo se desliza hacia lo previsible con el hallazgo de una caja que, cómo no, contiene una terrible amenaza y, cómo no, es abierta por gente demasiado curiosa. Muy sangrienta pero poco inquietante (salvo el tramo final) sólo vuelve a despegar con la reaparición de la insufrible esposa (memorable Adrienne Barbeau). El final no me gusta pues vuelve a dejar esa amenaza libre, demasiado tópico.
Se arrastran hacia ti: confieso que la primera vez que vi el film este skech me impactó mas hoy debo ser menos impresionable y ahora no me parece para tanto. Está protagonizada por un despreciable millonario (un magnífico E.G. Marshall) obsesionado por la limpieza que da muestras de un infinito desprecio por sus empleados. El protagonista pagará por su mezquindad, siendo asediado por un ejército de cucarachas que poco a poco lo llevan a la locura. Aquí quien se luce más es el director pues la historia no es gran cosa y Romero demuestra su capacidad para el suspense, repitiendo el tema del "asedio", tan típico en sus films de temática zombie. Contiene, además, el momento más terrorífico de la película: aquel en el que el protagonista se ve rodeado de los insectos y de repente se produce un apagón.
El film se cierra volviendo a la historia introductoria, donde se produce la venganza del niño sobre su padre gracias a un siniestro juguete que se vendía en la revista Creepshow. En la última escena unos basureros recogen del cubo la revista que el padre tiró y comentan que leían esas historias siendo niños... y les gustaban. Así es el autor, admite que lo que hace tal vez no sea arte sinembargo pone todo su esfuerzo y talento para entretener, otorgándole dignidad a un género poco valorado. George A. Romero no sólo era un gran director, también un tipo modesto y honesto, algo raro de ver en el cine actual.

FICHA TÉCNICA

Título original Creepshow           
Año 1982
Duración 120 min.
Director                
Guion Stephen King
Música John Harrison
Fotografía Michael Gornick
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Productora Warner Bros. Pictures