6 nov 2026

George R. (R.) Martin

George R. Martin en los años 70.

 El hoy muy famoso George Raymond Richard Martin, tiene un ya muy antiguo pasado de escritor de ciencia- ficción, alejado de dragones e intrigas palaciegas. De hecho, fue una novela "Muerte de la luz" (1977) de dicho género la que le dio su primer éxito. Mas todo comenzó un año antes, con el libro de relatos que nos ocupa: "Una canción para Lya" que contiene, además del que le da título, varios cuentos que formarán parte del universo de la novela.

Leyendo, concretamente, "Una canción para Lya" (premio Hugo a mejor novela corta) uno se encuentra con un Martin que poco o nada tiene que ver con el que conocemos de la famosa serie "Juego de Tronos". Y no solo porque se tratan de un género distinto sino porque aquí se nota un escritor más "ambicioso" en el sentido de que no busca simplemente entretener sino también exponer temas más allá de la aventura o la intriga. 

Portada de la muy mejorable edición de 1982 de Caralt.

Sin una duda, el relato que da título a la obra es el mejor. Aquí temas como la telepatía, la religión, la conquista de otros mundos y la relación con otras razas está tratada, pese a la escasa longitud de la obra, con hondura e intensidad. El personaje de Lya es el más interesante aunque el narrador es su pareja, un hombre, como ella, con poderes telepáticos. Lo que en un principio podría ser un don maravilloso acaba siendo casi una maldición, especialmente para un tema que poco tiene que ver con la ciencia- ficción: el amor. El final es tan melancólico como bello y nos deja con ganas de más algo que, como dije, llevaría a Martin a escribir su novela "Muerte de la luz" en el mismo universo de personajes, planetas y reglas creadas por el autor. Autor que, por cierto, aquí todavía tenía sólo una "R" en su nombre, aunque sospecho que se trata de un error del editor hispano.

El resto de relatos, aunque interiores, no están exentos de interés y nos muestran a un escritor más polivalente (no en vano también es guionista para TV, cine y hasta videojuegos) en temáticas y escenarios. Por ejemplo, "La salida para San Breta" parece sacada de un episodio de "La dimensión desconocida" (serie para la que Martin escribió varios guiones) pues no es tanto ciencia ficción como una historia de fantasmas... en una autopista.

Pese a ser una historia satisfactoria, prefiero el lado sentimental del autor, alejado de violencia, escatología (aunque a veces sí que la hay) y centrado en temas relacionados con el hombre: inquietudes, sentimientos, miedos, poder... Por eso me gusta "Las brumas se ponen por la mañana", que transcurre en un bello planeta brumoso, donde los turistas se pueden deleitar con bellos parajes y... ¿fantasmas? Porque algo se oculta en la niebla. Mas aquí el autor, en lugar de jugar a lo previsible (la niebla siempre oculta algo maligno) prefiere jugar la carta de lo romántico. Un relato bello y elegante.

Un detalle que me ha llamado la atención es el punto de vista que toma Martin en los relatos: el protagonista no suele ser narrador aunque muchas veces participe de la acción. Creo que es algo que viene de sus orígenes periodísticos, de hecho algún personaje de sus relatos lo es. 

"Otra clase de soledad" es un relato que toca un tema muy habitual en la scifi: la soledad. El protagonista está en un puesto avanzado, en un planeta desolado y oscuro, aparentemente deseando volver a la Tierra más es sólo eso, apariencia pues descubriremos con horror cómo hay algo peor que la soledad y es el deseo de ésta... a toda costa.

"Desobediencia" tiene detalles curiosos, como el hecho de que existan personas que usen cadáveres "teledirigidos" para buscar minerales, mezclado con el enfrentamiento entre un gran cacique y los propios buscadores de minerales preciosos. La corrupción y la traición tienen cabida aquí para lo que bien podía ser el borrador de una historia más larga.

Otra historia interesante es "Oscuros, oscuros eran los túneles" pues se trata de un encuentro entre dos civilizaciones vistos desde ambos puntos de vista hasta que chocan con traumáticos resultados, especialmente para el lector, pues sabe de la trágica ocasión perdida que ambos bandos ignoran.

Cómo único (y no pequeño) pero, he de decir que la vetusta primera edición que he leído, de 1982, y obra de la editorial Caralt está llena de errores de concordancia, sintaxis y pésimamente traducida, dando Ia sensación de que quien lo hizo no era precisamente experto en ciencia - ficción. Mas da igual, los relatos son tan buenos, que se disfrutan igualmente, la buena literatura, todo lo puede.

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