El intrépido periodista y aventurero (o detective) surgido de la mente de Georges Remi, "Hergé" siempre está de moda. Da igual que se le quiera criticar por posiciones políticas o un contexto actual muy distinto al de época en la que fueron publicada, Tintín es universal.
Recientemente he leído algunas obras pendientes del personaje que me han servido para confirmar con absoluta seguridad que las historias y el dibujo las elevan al Olimpo del 9° arte.
"Tintín en América", publicado como álbum por primera vez en 1932, entra directamente en la lista de obras iniciales de Hergé, donde el tono y las intenciones son muy distintas a los de la época dorada del personaje. Aunque hay un afán divulgativo (descripción de los EE.UU de la época) prima la aventura, la acción (a veces) inverosímil y siempre trepidante sumado a un mayor protagonismo de Milú, es decir, más infantil. Sorprendentemente trata a los indios con gran realismo, un poco ingenuos y bárbaros, destacando como se aprovecharon de ellos los poderosos, llamativas las viñetas del petróleo. Lo de los gagsters es un repetitivo pero como digo muy entretenido. Un buen cómic para iniciarse en la saga.
Muchos consideran ya "Los cigarros del faraón" (1934) como la primera gran obra de Hergé, sobre todo por la inclusión del misterio y la fantasía, destacando el sueño en la tumba, los personajes 'locos' y la variedad de escenarios y países. El arranque, en la tumba del faraón con los egiptólogos muertos, es potente y nos hace temer por la suerte de nuestro héroe. La aventura viaja rápidamente a la India, donde aparece un Maharajá, contrabandistas, drogas y secuestros. Referencias al colonialismo y a la peligrosidad de la jungla son la guinda de éste excelente álbum que cuenta con un cada vez más brillante y meritorio dibujo.