24 may 2019

HBO y sus Tronos, Netflix los robots

A Khaleesi se le hincharon los c*****s
Terminó la esperadísima última temporada de "Juego de Tronos", serie-fenómeno de la HBO la cual ha generado no cierta controversia entre unos fans que, en algunos casos, han caído en un ridículo infantilismo y pataleo por no encontrarse lo que esperaban. Pero eso lo dejo para el final, primero comentamos la temporada si eso.
Antes de nada tengo que dejar claro que la serie me ha parecido en líneas generales altamente estimulante, técnicamente notable y con unos buenos intérpretes que han dando momentos muy intensos (especialmente Peter Dinklage, Leana Headey y Maisie Williams) mas está claro que desde la quinta temporada (aquella que acaba con el paseo de Cercei en pelotas) la cosa fue cuesta abajo y sin frenos. No niego que hubo episodios apasionantes y momentos memorables pero después de esa temporada (que tampoco fue la mejor) son los efectos especiales y el espectáculo los que fueron tomando el control de la serie por encima de la trama, la cual nos había dejado episodios memorables como "Madre de Dragones" (T-1) o "La boda roja" (T-2).
En la octava y última temporada empezamos ya regular, con dos capítulos que, se suponía, eran para poner en situción al espectador y prepararnos para lo bueno, mas lo único que ofrecieron fue aburrimiento y blandura. El esperado tercer capítulo, "La noche más oscura", hizo honor al título: no se veía un carajo, cosas de la TV digital. Por eso no es de extrañar que los mejores momentos fueran la carga de los dothraki, con sus espadas flamígeras encendidas por Melisandre (la siempre sugestiva Candice Van Houten) que terminan siendo aniquilados (luego resulta que no, que quedan más, cosas del guion) por el enemigo, algo visualizado no con violencia sino con un plano general en el que sus espadas se van apagando en la oscuridad. Otro gran momento es en el que el Señor de la Noche "resucita" a los muertos, lo que hace que todo parezca perdido... hasta que aparece Arya para arreglarlo todo de un navajazo que ni un bandolero. En ambos casos se vio todo clarísimo.
El cuarto episodio me gustó, me parece que devolvió, fugazmente, a los orígenes de la serie: sorpresas, conspiraciones y maldad por doquier. El quinto y más polémico fue el que marca el cambio de carácter de la favorita la audiencia Khaleesi, en el que ni corta ni perezosa deja su "piedad" a un lado y arrasa Desmbarco del Rey con civiles y todo. Indignación generalizada, especialmente ridícula entre los que veían en Juego de Tronos un espejo de la realidad actual (?) con buenos y malos: evidentemente no han pillado de qué va una serie donde no hay un solo personaje de una pieza. Esto sería digno de estudio si no se tratara de simplemente un (excelente) entretenimiento, pero me niego a creer que seamos en occidente una panda de críos que se enfadan cuando no salen las cosas como uno quiere.
El último episodio y el desenlace no me parecieron mal, (salvo ese dragón que sabe que la culpa es del Trono de Hierro, vaya usté a saber porqué) dentro del desmadre en que se convirtió la serie pudo terminar mejor pero también peor. Ahora la HBO a seguir sacando provecho del fenómeno Tronos con precuelas y spin-offs, hacen bien. Por si a alguien le interesa me hubiera encantado que ganara Cercei, un personaje retorcido, elegante y pasional.
Previamente, para aliviar la larga espera de dragones y caminantes, me vi la producción de David Fincher para Netflix "Love, death and robots", serie de animación para adultos con muy variados estilos, cuenta con diferentes autores y narrativas. Lo que la hace más interesante es la duración de sus capítulos: máximo quince minutos. La calidad técnica es impresionante y en general todos entretienen (la duración, insisto, es su gran ventaja) aunque personalmente hay varios que me dejaron indiferente o me recordaron a películas, relatos y novelas que ya había tratado el tema mejor. Además, se repite cansinamente el futuro apocalíptico, lo cual le resta originalidad.
Mas siempre es mejor quedarse con lo bueno, y en mi caso serían los capítulos "The witness", por su inusual estilo visual y la sorprendente resolución, el cual está dirigido por el talentoso animador español Alberto Mielgo; "Helping hand" que trata muchos temas (soledad, precariedad laboral, supervivencia) aunque en lo que destaca es en su suspense y espectacular realización, sencillamente maravilloso; y finalmente "Secret War", que parece al principio una partida del "Call of duty" pero que tras él se esconde una vez más Lovecraft, terrorífico.
Finalmente destacar el festín visual que resultan ser otros dos capítulos: "Zima Blue", no porque sea mi favorito sino a causa de su elegantísima y muy clásica animación. Y "Good Hunting", que mezcla espectacularmente steampunk y leyendas chinas.
Referencias: 
https://www.bolsamania.com/cine/la-polemica-machista-de-juego-de-tronos/
https://www.goldthread2.com/culture/love-death-robots-netflix-china/article/3005620

3 may 2019

Jazz Brazil

Aunque la Samba es, sin lugar a dudas, la música y el baile de la nación brasileña, desde finales de los años 50 hasta hoy día la llamada bossa nova es el estilo de música brasileño más influyente de todos y el que ha obtenido un mayor prestigio entre los entendidos.
Mezcla de música popular, samba y jazz, la bossa nova (que se podría traducir como "estilo nuevo") tiene en Vinicius de Moraes, en cuanto a letristas, y al guitarrista y autor Jõao Gilberto, en cuanto músicos, a sus principales figuras.
Si bien la samba es claramente un género de las clases más populares, la bossa nova, más suave, más refinada, pertenece a las clases medias. No es una música para ser tocada en grandes estadios o ante grandes audiencias, la bossa nova es más íntima, tranquila y melancólica. Además sus autores provienen de familias de clases medias y poseen estudios superiores.
"Cherga de Saudade", es sin duda el disco-origen de esta nueva música carioca (porque nace en Río de Janeiro) y Gilberto es el autor de referencia. Inmediatamente el género logra un gran impacto en el extranjero, especialmente en EE.UU. donde los músicos de jazz lo toman como influencia. A todo ello ayuda la película "Orfeo negro" (1959) del francés Marcel Camus, cuya banda sonora está llena de temas que ya son clásicos de la canción brasileña.
Pero hay un tercer autor imprescindible en el género que hizo de la bossa nova un estilo musical imperecedero: Antonio Carlos Jobim. Virtuoso instrumentista (guitarra, flauta, piano) y compositor, él y Vinicius de Morales componen la banda sonora de "Orfeo negro" y desde entonces el género no deja crecer y hacerse más y más famoso. Compone para el saxofonista de jazz noretamericano Stan Getz la mítica "Desafinado", obra de enorme éxito, que le da a conocer en EE.UU. y le permite hacer una versión de la famosa "Chica de Ipanema" en la voz de La Voz, Frank Sinatra.
Curiosamente, este éxito le provocó no pocas envidias en su país y se dio el curioso caso de que se le cerraran durante años las puertas del reconocimiento en Brasil, mientras lograba la admiración del resto del mundo.
Mas no todo fueron hombres en la Bossa Nova, las dulces voces de Astrud Gilberto y Elis Regina, dos mujeres bien distintas, son imprescindibles para entender la bossa nova.
Astrud, esposa de Jõao Gilberto, empezó casualmente en la canción cuando ya su marido era famoso. Colaboró en algún disco sin acreditar pero fue con "Garota de Ipanema" (letra de Vinicius de Morales, música de Antonio Carlos Jobim, 1962), el mayor éxito del género, con la que logró hacerse un nombre y convertirse en una cantante de jazz y bossa nova de referencia. Esta canción enterró por completo el resto de su carrera, donde hay excelentes canciones como esta magnífica "Concorvado", interpretada con su elegante y dulcísimo estilo.
Elis Regina, en cambio, fue una mujer de armas tomar. Comprometida políticamente contra la dictadura militar, vivió la vida al límite (falleció con solo 36 años en 1982 de una sobredosis) y siempre se mostró despilfarradora, deslenguada y vitalista.
Su mayor éxito fue este dueto con Tom Jobim, "Aguas de Março" (1974) aunque "Triste", también con Jobim me parece una verdadera maravilla. Ambos se incluyen en el disco "Elis y Tom" de 1974.
Gilberto Gil y Caetano Veloso son los los cantautores "comprometidos" de la bossa nova aunque ambos han cultivado otros géneros, incluidos la canción-protesta que les llevó por momentos entre rejas. Gil ha tenido una larga y fructífera carrera, su primer éxito es "Louvação" al que siguieron colaboraciones con otros artistas brasileños como los menciados Elis Regina y Caetano Veloso. Durante su época de exilio compartió grabaciones con artistas de reggae como Jimmy Cliff o el grupo The Wailers, género que le influenció desde entonces. Con la llegada de Lula al gobierno, Gilberto Gil acepta el cargo de ministro de cultura, cargo del que dimite en 2008.
Caetano Veloso fue la punta de lanza del llamado "tropicalismo", movimiento llamado a recuperar la música tradicional brasileña. Exiliado durante la dictadura militar en Europa, ganador de cinco premios Grammy, ha colaborado también con compositores como Nelly Furtado o Fito Páez. Aquí un dueto con Jõao Gilberto cantando la divertida "O pato".
Por último, aunque no por ello menos importante, nombrar aquí también a Sergio Mendes, discípulo directo de Antonio Carlos Jobim y que gozó de una enorme popularidad en EE.UU con su grupo Brasil 66 gracias su versión de "Más que nada". Tocó con los más grandes artistas de jazz americanos pero también con los Black Eyed Peas sin olvidarse de sus amigos Jobim y Gilberto Gil. Es, quizás, un autor con menos "prestigio" que  otros pero con tanto talento como los demás. Su estilo, más cercano al pop y samba, tiene toque electrónicos y en el piano a su mejor aliado. Compuso también un tema para la banda sonora de "Río" (2011, Carlos Saldanha).

12 abr 2019

Once upon a time in California

No se ha estrenado la espera última película de Tarantino, "Once upon a time in Hollywood" (2019) mas creo que no la presencia de la malograda Sharon Tate en ambos films (en una como actriz, en otra como personaje) me viene que ni pintado para comentar esta afilada comedia, última obra de un director tan admirado en su momento como olvidado hoy en día: Alexander MacKendrick.
Director norteamericano que vivió su infancia y juventud en Reino Unido, etapa traumática para él por la muerte de su padre y por la ausencia de su madre, quien se quedó en EE.UU. lo cual influye en lo que luego serían sus trabajos para el cine. También se ve marcado por sus inicios laborales, en el mundo de la publicidad y, como muchos directores de su generación, fue reclutado durante la II G.M. para rodar filmes propagandísticos. Tras una no muy larga carrera cinematográfica prefirió centrarse en la enseñanza. De entre sus películas destacan: "El quinteto de la muerte" (1955), magistral comedia negra, destrozada años después por los Coen en un nefasto remake; "Chantaje en Broadway" (1957), una ácida visión del periodismo que supuso su primera colaboración Tony Curtis y "Viento en las velas" (1965), una clásico del cine de aventuras nada convencional que fue un fracaso. "No hagan olas" (1967) nos cuenta como, después de un desafortunado encuentro con la joven italiana Laura Califatti (Claudia Cardinale), que le hace perder todo cuanto tiene en el mundo (un viejo Volkswagen escarabajo con todas sus pertenencias), Carlo Coldfield (Tony Curtis) se instala en la casa de esta. Enseguida descubre que es la amante de un empresario (Robert Webber), vendedor de piscinas y lo chantajea para lograr un puesto en su empresa. Por otro lado, Carlo se zambulle en el ambiente de las playas californianas donde el movimiento hippy y el culto al cuerpo son las nuevas religiones. Allí conoce a la atractiva paracaidista llamada Malibú (Sharon Tate) y Harry (David Draper) su ingenuo novio culturista.
Bajo la apariencia de comedia sofisticada de enredo, tan típica de los años 60, el agudo MacKendrick nos hace una ácida reflexión sobre el arribismo, la superficialidad de la sociedad, la obsesión por las apariencias y el dinero y, sobre todo, la falta de escrúpulos y valores de algunas personas. En uno de esos típicos momentos de este tipo del films en los que hay un montón de personajes en pantalla y se producen distintos equívocos, el protagonista, interpretado de manera certera por el gran Tony Curtis, se describe ante su futuro socio (tan amoral como él) como alguien con "la moralidad de un simio, el encanto de un esquizofrénico, la sensibilidad de un rinoceronte y los escrúpulos de un chantajista". Poco más que añadir ante tan certera confesión.
El mismo Carlo, hábil vendedor sin escrúpulos, se comporta de idéntica forma en los asuntos amorosos. Trata, con mezquinos ardides, de convencer al pobre novio de Malibú de que el sexo con ella es malo para su próxima competición y debe dejarla. No contento con ello y conocedor de que Harry sigue con fe ciega los designios del horóscopo, soborna al hombre que lo escribe ofreciéndole una piscina con las constelaciones astrales en el fondo (sic) para lograr sus fines. Mas una vez logrados sus propósitos: éxito profesional, mujer voluptuosa, casa ostentosa, coche lujoso... llega el vacío, la decepción (Malibú es tan buena como simple) y el posterior y literal derrumbe de su vida, con resultados más cómicos que trágicos.
No obstante, Carlo no es el peor de los personajes que vemos en pantalla. La mujer de su jefe (Joanna Barnes), harta de las infidelidades de su marido no duda en tratar de engatusarlo ofreciéndole el control de la empresa incluso llega a insinuarse sexualmente para lograr sus propósitos. Laura, celosa de Malibú, trata de inmiscuirse en los asuntos de Carlo, siendo además una mujer que quiere alejarse del hombre de quien depende económicamente más tampoco se atreve a dar ese paso. Al final todos, incluido el personaje del marido, que se supone más negativo, acaban resultando pobres diablos, superados por unas circunstancias que les sobrepasan en una sociedad con unos valores que les hacen profundamente infelices y necesariamente mezquinos para poder sobrevivir. Como toda comedia clásica, los equívocos desembocan en un divertido final, donde todo se resuelve de forma tan simpática como poco creíble.
El final feliz no le resta ni un ápice de efectividad a esta sátira de un mundo que, de entonces a ahora, ha cambiado muy poco y quizás incluso para peor.

Ficha:
Título original Don’t make waves
Nacionalidad EE.UU.
Año 1967
Dirección Alexander MacKendrick
Guion Ira Wallach, George Kirgo (Novela: Ira Wallach)
Música Vic Mizzy
Fotografía Philip H. Lathrop
Reparto Tony CurtisClaudia CardinaleSharon TateRobert WebberJoanna Barnes,Edgar BergenDub TaylorJim Backus
Productora Filmways Pictures

1 abr 2019

¿Cambiar la ley electoral?

En los últimos días y pese a que no ha comenzado todavía la campaña electoral para las generales (¡Dios, qué pereza!) se ha agudizado la discusión sobre la ley electora y el sistema representativo, conocido por ley d'Hont. Esto nos retrotae a la ahora tan cuestionada Transición democrática y a la decisión, que se tradujo en la Ley de Reforma política de enero de 1977 y que supuso la elección de un sistema proporcional basado en esta ley (hay otras, no crean que es tan simple) que en principio no convencía a Adolfo Suárez, quier prefería uno no proporcional sino mayoritario: para entendernos, más parecido al anglosajón o incluso al francés.
Hoy día los que más se quejan con este sistema son los partidos con presencia nacional pero minoritarios, básicamente UPyD e IU. Ahora, dada la irrupción de los llamados nuevos partidos (C's y Podemos) estos también han abiero el debate mas cada uno tiene su estilo y propuesta. Pero lo más llamativo es el caso del partido político que, parece, va a revolucionar el espectro político del país: VOX. La formación dirigida por Santigo Abascal no se queja, de momento, del sistema sino de los llamamientos del PP al llamado voto útil en las circunscripciones pequeñas (con 4 ó menos escaños), donde según los expertos se va a cocinar la más que probable victoria socialista. Pero, ¿es tan injusto el sistema actual? Veamos
Gráfico: eldiario.es
Observando este gráfico un servidor saca unas conclusiones:
- Las sumas "partidos de derechas" y "partidos de izquierdas" llevan a lo mismo: no hay mayoría absoluta. [169-156] [167-156]
- Aparece un nuevo partido, PACMA, con cuatro diputados, lo cual es justo pues tiene el doble de votos que EH y mientras los proetarras sacan 2 ellos se quedaban fuera. Pero ojo, es un caso aislado, sería el único partido que pasa de estar a no estar. No parece un enorme cambio.
- Los partidos nacionalistas no se ven tan perjudicados como parece y sólo Pdcat y PNV perderían un escaño, el resto tal cual.
Esto demuestra que lo de la circunscripción única es importante pero no decisivo... salvo que se de el caso actual, es decir, una sociedad bastante dividida y con dos bloques que, a su vez, también están muy divididos porque ahora son cinco partidos nacionales. Aun así, el beneficiado (PSOE) no lograría la mayoría absoluta, ni siquiera podría gobernar con otro partido de izquierdas, necesitaría, por lo menos, a uno secesionista. Luego esto es más un problema de con quién pacto, pues la mayoría absoluta es una quimera de una u otra forma.
¿Cómo lo veo? pues malamente. Aquí ninguno está para sacar pecho. El PP bastante tendrá con seguir siendo segundo con la que está cayendo; Podemos se está desintegrando y si van cada un por su lado el batacazo puede ser mayor; C's crecerá pero la subida del PSOE le ha dejado como un partido irrelevante; VOX podrá presumir de una entrada fulgurante pero ni será decisivo ni se podrá quitar el estigma de rémora de la derecha que "permitió" ganar a Snchz.
No sé, creo que lo mejor sería un gobierno moderado, de coalición entre los partidos (o los diputados, porque dentro del mismo partido cada uno dice una cosa) que defiendan con firmeza la unidad de España, la Constitución (lo básico, no digo que no haya que reformarla) y sean capaces de enfrentarse a los retos económicos que se vienen con valentía y sin mentir al personal: Brexit, pensiones y recesión no son palabras que vayamos a olvidar pronto.
Ellos quieren lo mejor para ti
Eso es una Utopía, así que volviendo al principio mi propuesta es un modelo como el que está ahora implementando una doble vuelta: tras ver quién domina el hemiciclo, una semana después y viendo cómo respiran, los españoles votamos a quién queremos como presidente entre los dos candidatos más votados. A ver que tal, ¿no?

24 mar 2019

De musicales y conciertos por Madrid

El musical "El jovencito Frankenstein" fue creado por el autor de la película de título homónimo, Mel Brooks ante el enorme éxito cosechado con el film. Repitió la misma jugada que en 2001 le había salido tan bien con otro film suyo "Los productores" (musical que, asimismo, ha tenido adaptación cinematográfica).
"El jovencito Frankenstein", versión española, es uno de los musicales que actualmente lucen la Gran Vía madrileña. Producida por SMedia, se mide ante el todopoderoso "El Rey León" y a "Anastasia", ofreciendo algo distinto: humor. Siendo extremadamente fiel al film de Brooks, humor grueso incluído, y con un atrezzo (250 cambios de vestuario), decorados y efectos visuales más que destacables no brillará por sus canciones, (divertidas, sin duda) ni por sus coreografías (que no están mal) sino por la descabellada historia y su hilarante desarrollo, las interpretaciones y el enorme mérito de todos en ofrecer un entretenimiento de primera. Destaco al protagonista, Víctor Ullate Rolle, digno hijo de su padre, el famoso coreógrafo Víctor Ullate y su madre Carmen Roche, otra destacada bailarina. Mucho mérito para Albet García, bailando claqué, como el Monstruo y a Marta Ribera, como la prometida del doctor, toda una veterana a la que ya pude ver en Cabaret como Sally Bowles y en Grease como Rizzo. Un buen rato que no se olvida.

"El jovencito Frankenstein
Libreto original: Mel Brooks y Thomas Mehan. Música: M. Brooks. Adaptación: Esteve Ferrer y Silvia Montesinos. Dirección: E. Ferrer. Director musical: Julio Awad. Escenografía y vestuario: Felype de Lima. Iluminación: Juanjo Llorens. Sonido: Javier Isequilla. Peluquería, maquillaje y caracterización: Olaya Brandón. Coreografía: Montse Colomé. Principales intérpretes: Víctor Ullate Roche, Marta Ribera, Jordi Vidal, Cristina Llorente, Teresa Vallicrosa, Albert Gracia, Pitu Manubens, Gerard Mínguez. Madrid. Teatro de la Luz EDP.
Como cada año, La noche de Cadena 100 volvió a llenar el Palacio de los Deportes de Madrid y siempre por una buena causa, en este caso a beneficio de Manos Unidas y un proyecto en Senegal. La telonera del concierto fue la, para mí, desconocida Marta Soto. Mostró desparpajo ante un público que estaba más pendiente de los artistas que la seguirían.
Si bien fueron las solistas femeninas las que dieron empaque a la celebración, las actuaciones más animadas correspondieron al grupo Taburete y Morat, grupo colombiano que recoge la mejor tradición popera venida desde América, tienen un aire a Tequila, salvando las distancias y los tiempos. También levantó al público la participación de Diego Torres, con su "Color esperanza" en una versión acompañado sólo por un guitarra.
Pero decíamos que destacaron las mujeres. La más llamativa (en todos los aspectos) fue Ana Guerra, triunfita que hizo bailar a todas las adolescentes y que parece ya una solista más que consolidada con su estilo sexy y pegadizo. En las antípodas está Vanesa Martín, la más "reivindicativa" y, con un estilo digamos que pausado, me llamó la atención por la belleza y elegancia de su voz... y de ella misma. Rosana le puso sus habituales ganas, una canción a dúo con Ana Guerra y otra su ya famosa "Llegaremos a tiempo", muy oportuna dado el objetivo del concierto. Continuando con los dúos, Marta Sánchez (que protagonizó la anécdota de la noche) y Carlos Baute cantaron un par de temas de sobra conocidos por todos "Colgado en tus manos" y "Te sigo pensando".
Los platos fuertes, sin embargo, fueron tres solistas. Primero el escocés Tom Walker, que cantó su famoso "Leave the light on" y un par de temas nuevos. Laura Pausini, artista más que contrastada, siempre amable y agradecida para con el público, quien nos presentó al letrista de varios de sus éxitos, Biagio Antonacci, con el que cantó un tema a dúo.Y para acabar Manuel Carrasco, que no es precisamente mi artista favorito pero que era indudablemente la estrella del evento que él se ocupó de cerrar cantando cinco temas.
Finalizando, destacar el tono familiar del evento, muchos niños y adolescentes acompañados de sus padres (sobre todo madres), a lo que invitaba lo heterogéneo del cartel y lo prudencial de la hora a la que terminó (23h). Un agradable concierto, que tuvo buen ritmo y una acertada organización. Si acaso ponerle un pero al sonido pero todavía está por ver que vaya a un concierto y eso esté a mi gusto ¿seré raro?.

8 mar 2019

El cinéfilo nostálgico

Welles, Bogdanovich y Huston en el rodaje de "The other side of the wind"
Aunque ha estado de nuevo en el candelero recientemente con el proyecto inacabado de Orson Welles “The Other Side of the Wind” y fue "resucitado" por la TV gracias a su papel de psicólogo en la serie "Los Soprano", Peter Bogdanovich (Kingston, Nueva York, 1939) es un cineasta al borde de la retirada, que lo tuvo todo para volver a la nada. Quizá su situación actual, director venerado por la nueva cinefilia; su labor encomiable de historiador (es un auténtico erudito del cine, incluyendo la etapa muda) y su propia experiencia como personaje que se codeó con el viejo Hollywood (Orson Welles, Cary Grant, John Huston, John Ford o Howard Hawks fueron amigos suyos) le hacen un personaje realmente interesante y necesario hoy que el cine parece no tener memoria.
Pero centrándonos en su filmografía, Bogdanovich es el perfecto ejemplo de cineasta del "Nuevo Hollywood" surgido a finales de los 60, además de uno de los grandes creadores que surgieron alrededor del productor Roger Corman, al cual siempre ha estado agradecido por darle la oportunidad de estrenarse en el cine aunque fuera con dos filmes de serie "B" como fueron "Viaje al planeta de las mujeres prehistóricas" (en realidad casi "Z") o "El héroe anda suelto" (ambas de 1968).
Bogdanovich y Karloff... ¿como Ed Wood y Bela Lugosi?
Esta última es una rareza en la filmografía de Bogdanovich pues está adscrita al género del thriller de psicópatas pese a lo cual es profundamente personal y una película excelente. Aquí el director (que interpreta precisamente a un joven cineasta) muestra una sociedad hipócrita, falsa, aparentemente feliz, como la familia del protagonista (un magnífico Tim O'Kelly) quien tiene una fetichista predilección por las armas. Por otro lado está una vieja gloria del cine (Boris Karloff, en un personaje casi autobiográfico), quien parece decidido a dejar el cine pues se siente cansado y fuera de sitio. La película se abre con una proyección de "El Terror" (Roger Corman, 1963) y termina con una mantanza en un autocine: no hay mejor descripción del cambio en el cine, del giro en la sociedad y en la cultura. Bogdanovich fue uno de los primeros en verlo venir y mostrar sus simpatías por lo clásico. Pese a algún pasaje paródico, Karloff es el hombre digno, íntegro, que se encuentra ante una sociedad amoral, su actitud decidida y valiente al final es toda una declaración de intenciones.
Paradójicamente, pese a ser un director que veneraba a los cineastas-autores, Bogdanovich se hizo famoso por dirigir un guion de otro, concretamente la adaptación del propio autor: Larry McMurtry.
McMurtry, ganador el Pulitzer en 1985, es un escritor con una estupenda relación con el cine y los Oscar, pues "La fuerza del cariño" (1983) basada en otra obra suya, ganó cinco. Él mismo ganó otro por co-escribir el guion de la célebre "Brokeback Mountain" (Ang Lee).
"La última película" (1971), film en B/N, es un ejercicio de estilo de Bogdanovich pues más que conocer el entorno en el que ocurre la acción (un pueblecito de Texas), se limita a describir con brillantez la obra original. Bottons y Bridges hicieron el resto, eso sí, aquí el todavía joven cineasta demuestra su maestría como director de actores, mostrando algo que continuamente se vería en su filmografía: la reverencia y respeto por los artistas más veteranos, destacando aquí Ben Johnson. Obra melancólica, muy dramática y desesperanzada, "La última película" es un film que duele por lo que sufren los personajes y por la falta de respeto que padecen los más débiles, en especial el chaval sordomudo, objeto de la vileza de los más mezquinos. Hay mucha verdad en ella, mucha tristeza pero también una gran ternura.
"¿Qué me pasa, doctor?"
Como era de esperar, Bogdanovich se decidió en seguida a rodar un film con guion propio, en este caso co-escrito por Robert Benton, Buck Henry y David Newman, en el que homenajeaba a su amigo Howard Hawks. Se trata de "¿Qué me pasa, doctor?" (1972) comedia alocada tan del estilo clásico que uno parece estar viendo "La fiera de mi niña" (1938) o "Me siento rejuvenecer" (1939) pero ambientada en nuestros días. De ritmo creciente, con diálogos agudísimos y secundarios más que perfectos, Bogdanovich ofrece una hilarante comedia de esas que no importa ver mil veces. Por quedarme con algo, la tronchante escena de la habitación de hotel y la memorable (y costosa, se llevó 1/4 del presupuesto) persecución por las calles de San Francisco, que culmina en un "jucio"desternillante por mor del amargado juez (Liam Dunn) quien descubre con estupor quién es la causante de todos esos desastres (Barbra Streisand). En tono anecdótico resaltar que aquí comienza una "relación" del director con varios actores que repetirían en sucesivas películas: Ryan O'Neal, Madeline Kahn, Randy Quaid o John Hillerman.
"Luna de papel"
"Luna de papel" (1973), rodada en el mejor momento de su carrera es, para mí, una de sus mejores películas y la que mejor define lo que Bogdanovich entiende qué es el cine. Comedia dramática, rodada en un impecable B/N, fotografiado por Lazslo Kovacs, cuenta la historia de un timador (Ryan O'Neal) quien se hace cargo a regañadientes de la hija de una ex-amante. La niña, una memorable Tatum O'Neal, acaba resultando un gancho perfecto para sus triquiñuelas y juntos emprenden un viaje en coche(s) por el medioeste americano de la Gran Depresión, todo contado con el perfecto equilibrio entre elegancia y realismo. Hay comedia, hay drama, hay ternura pero sobre todo hay cine de primer nivel. A medio camino del ejercicio de estilo y la obra personal, "Luna de papel" tiene la enorme virtud de entretener y llegar al corazón sin discursos y ñoñerías, con verdades y personajes auténticos, pues incluso los que parecen caricaturas (Maleine Kahn) tiene su momento de redención. Una obra magistral, que supone el cenit de su director.
Tan rápido subió Peter Bogdanovich como bajó. Centro de la prensa del corazón por su matrimonio con la también actriz y modelo Cybill Shepherd, trató de convertirla en una estrella contra el consejo de muchos amigos quien no veían en ella la genial actriz (y cantante) que él creyó ver. Rodó para ella primero "Una señorita rebelde" (1974), adaptación de "Daisy Miller" del prestigioso Henry James, y en 1975, el lujoso musical "At long last love" con música de Cole Porter y co-protagonizada por Burt Reynolds. Ninguno dio un duro en taquilla y perdió el favor de los exégetas del cine. El desastre se consumó en 1976 con "Así empezó Hollywood", en el que trató de recuperar el éxito con los entonces taquilleros Ryan O'Neal y Burt Reynolds en una comedia sobre los inicios del cine. Quiso rodarla en B/N pero ya no tenía capacidad para decidir. El resultado fue el mismo que con las anteriores.
Gazzara, Hansen y Hepburn en "Todos rieron"
Tras unos años de parón obligado, divorcio incluido, Bogdanovich trata de recuperarse, sin éxito, con "Saint Jack, el Rey de Singapur" sobre la vida del dueño de varios burdeles en la capital asiática. No puedo opinar sobre ella, no la he visto. En cambio, sí puedo hablar de "Todos rieron" (1980) película llamada a ser la resurreción del director, en la que logró sacar de su retiro nada menos que a Audrey Hepburn. Con un un equilibrado reparto (Ben Gazzara, John Ritter, Patti Hansen ) Bogdanovich nos regala una agradable comedia neoyorquina en la que al final, todos ríen menos el público. Las idas y venidas de los detectives, los amoríos de una noche, las bodas in-extremis, todo resulta forzado. Para rematar, Manhattan parece sucia y oscura. Desgraciadamente para Bogdanovich su vida personal terminó por arruinar el posible éxito del film debido al asesinato de su entonces novia y co-protagonista del film, Dorothy Stratten .
"Máscara"
Aunque la carrera de Bogdanovich nunca volvió a ser lo que fue, todavía nos dejó una obra que a mí me maravilla: "Máscara" (1985). Basada en un hecho real, la vida de un chico llamado Rocky Dennis (Eric Stolz) aquejado de una rara enfermedad llamada lionitis o displasia craneodiafisal la cual desfiguró de manera grotesca su cara. El director neoyorquino logra un pequeño y difícil milagro en esta bellísima película y no es otro que resultar sensible sin ser sensiblero. La obra rezuma comprensión y melancolía ya que no hay un culpable (sólo la naturaleza) de la desgracia que sufre el protagonista quien trata de, con la ayuda de familia y amigos, llevar una vida lo más normal posible. La pena y el fatalismo van haciéndose con la cinta conforme avanza el metraje, incluido un romance frustrado con una chica ciega (una encantadora Laura Dern) hasta que sólo queda la desolación, el desconsuelo. Una vez más los actores están todos estupendos, siendo Cher galardona en el festival de Cannes por su interpretación de madre coraje, adicta, inestable y decidida.
Pese a las buenas críticas, "Máscara" fue otro fracaso, lo cual lleva al cineasta a rodar la comedia "Ilegalmente tuya" (1988), con Rob Lowe de discretísimo recorrido comercial. Quizás desesperado por encontrar un éxito, rodó en 1990 una tardía secuela de "La última película" titulada "Texasville", film que abandoné a los pocos minutos su visionado. Me parece que la ausencia del autor original en el guion (ahora enteramente de Bogdanovich) es un gran error aunque igual luego remonta y me lo perdí. 
El reparto de "¡Qué ruina de función!"
Pero como los grandes directores nunca pierden del todo el pulso, a continuación filma "¡Qué ruina de función!" (1992), una estupenda comedia, puro vodevil entre bambalinas, con un reparto extraordinario (Michael Caine, Christopher Reeve, Carol Burnett, Denholm Elliot, John Ritter, Julie Hagerty...) en el que Bogdanovich rinde tributo a los comediantes através de una obra de teatro en la que resulta ser más interesante lo que sucede fuera que dentro del escenario. Un film perfecto en lo que se refiere a propósito y objetivo conseguido, pues resulta entretenida, cómica y honesta.
Tras ella rueda "Esa cosa llamada amor" (1993), sobre los intentos de una joven cantante country (Samantha Mathis) por hacerse un hueco en la meca de ése tipo de música: Nashville. La película resultó ser el último film del malogrado River Phoenix, y casi el debut de Sandra Bullock. Se ve facilidad, como casi todas las del director, pero le falta brío y auténtica emoción pese a que lo intenta, quizás porque el tema que trata es un poco extraño fuera de norteamérica. Para rematar esta fue, sin lugar a dudas, la película de menor recaudación de su carrera, pese a cosechar buenas críticas. Está llena de referencias cinéfilas, p.e. "La ventana indiscreta" (Alfred Hitchcock).
Los años siguientes son época de Sopranos, telefilmes y otra película "cinéfila" como "El maullido del gato" (2004) sobre Chaplin, Randolph Hearst y su amante, interpretada por Kristen Dunst.
Imogen Poots, todo un descubrimiento, en "Lío en Broadway"
Es más que probable que "Lío en Broadway" (2014) termine siendo la última película para el cine de Bogdanovich y, en cierta forma, no se me ocurre mejor colofón. Pensada para ser protagonizada por su buen amigo John Ritter, fue escrita a comienzos de los 2000 junto su entonces esposa Louise Stratten. El proyecto quedó postpuesto tras el repentino fallecimiento de Ritter mas el enorme aprecio que le tiene toda una generación de nuevos cineastas produjeron el milagro. Wes Anderson y Noah Boumbach ejercieron de productores ejecutivos y esto sirvió para que actores como Jennifer Aniston (que está estupenda) u Owen Wilson (su personaje se parece mucho al de "Midnight in Paris" de Allen) se unieran al elenco y le dieran cierta notoriedad. Bogdanovich da pequeños papeles a viejos amigos como Cybill Shepherd, George Morfogen (repite el papel de "Todos rieron"), Austin Pendelton, Tatum O'Neal y un cameo sin acreditar de un famosísimo director. En esta entretenida comedia, que parece un cruce entre "Todos rieron" y "Qué ruina de función", con mejores resultados que la primera y peores que la segunda, el ritmo de la mejor "screwball comedy" clásica y el más hilarante Woody Allen se dan la mano. Una elegante ¿despedida? del cine de ficción de un director imprescindible que hizo del amor al séptimo arte, su vida. Gracias Peter por tantos buenos momentos.
Referencias:
- "Moteros tranquilos, toros salvajes" Peter Biskind Anagrama. 2004.

22 feb 2019

Flores de un día en la F-1

Pronto empieza la temporada de F-1 y aquí ya se sabe, miramos al pasado con una cierta añoranza enfermiza. Quizá aquella F-1 no era mejor que esta mas tenía un cierto encanto aventurero, casi romántico, que añadido al enorme peligro que corrían los pilotos, hace pensar en el enorme mérito de los que formaban el llamado "Circo" de la máxima categoría automovilística. Aquí dejamos para el recuerdo unas notas sobre equipos que un día fueron grandes y hoy han caído en el inevitable olvido.
Jody Scheckter pilotando el sorprendente Tyrrell P34.
TYRRELL
Escudería británica que estuvo en activo de manera ininterrumpida desde 1970 hasta 1998, logrando dos mundiales de pilotos (Jackie Stewart en 1971 y 1973) y uno de constructores (1971), sus monoplazas azules son ya leyenda del automovilismo.
Comenzó, como muchos equipos no históricos, en las categorías más modestas del automovilismo, en este caso la F-3, pasando a ser escudería de F-1 en los años 70 gracias a su alianza con Ford, quien le fabricará los motores con los cuales logrará sus mayores éxitos. Pero en 1973, tras un año arrollador, llega el último GP., en EE.UU. en el circuito Watkins Glen. Durante las clasificaciones sufre un fatal accidente su piloto más prometedor, el francés Françoise Cevert. La brutalidad del mismo, añadida al gran carisma y afecto que sentían todos por él, conmocionó al equipo, incluido el ya campeón Stewart quien ni siquiera toma la salida y se retira ese mismo día de la competición para siempre.
A partir de entonces Tyrrell comienza un lento pero paulatino declive. En 1976 lograron una victoria con su curioso monoplaza de seis ruedas mas no volvieron a ser competitivos hasta la década siguiente. Su última victoria se produjo en 1983, gracias a Michele Alboreto. Pero en 1984 la FIA les sanciona por haber engañado en el pesaje de los vehículos durante todo el año, quedando anulados todos sus resultados. Pudieron participar al año siguiente bajo seria amenaza de expulsión definitiva y, para evitar nuevas estafas, se prohibió durante años los repostajes (donde Tyrrell aprovechaba para introducir unas bolas de plomo y así alcanzar el peso mínimo).
Con resultados cada vez más mediocres, el equipo es vendido en 1998 a la tabacalera británica y cambia su nombre a BAR. En 2006 es comprado por Honda, quien no logra buenos resultados y en 2009 decide vender la fábrica con sus empleados y el equipo por la simbólica cifra de 1 libra al hasta entonces ingeniero jefe, el hombre que hizo de nuevo campeón a Ferrari: Ross Brawn.
Jason Button, en el GP de España 2009, que se adjudicaría con autoridad.
BRAWN
Heredero, como acabamos de decir, de Honda, BAR y Tyrrell, BRAWN comienza la temporada con un monoplaza sin publicidad y sorprendiendo a todos en los test previos: es el coche más rápido.
Desde fuera sorprendió que un equipo nuevo triunfara pero para los entendidos no fue así. El ingeniero inglés Ross Brawn estuvo detrás del éxito de Michael Schumacher en Benetton y, posteriormente, en Ferrari, no obstante, en Honda no le había ido tan bien. Con dos pilotos que hasta entonces tenían más nombre que victorias como eran Jeson Button y Rubens Barrichello, Brawn GP ganó el campeonato de equipos y pilotos (Button) mas no estuvo exento de suspense. Button ganó seis de las siete primeras carreras, empezaron a llegar los patrocinadores: Virgin, Lloyd, SONY, Mapfre... BRAWN era el equipo de moda y todo era alegría hasta que dejaron de llegar las victorias. Tanto es así que Button no volvería a lograr ninguna. Mediado el campeonato parecía que Red Bull podría remontar y Vettel fue una seria amenaza hasta el final mas el doblete de BRAWN en Monza (segunda y última victoria de Barrichello) y el tercer puesto de Button en la última carrera en Abu Dhabi dan al británico el campeonato más sorprendente en años.
Brawn era una golosina que todos pretendían y al año siguiente Mercedes compra el equipo, convirtiéndose hasta hoy, junto con Red Bull, en el equipo más importante y el actual campeón del mundo...ya sin Ross Brawn, todo sea dicho.
El Wolf-Ford de Hunt y Rosberg (1979).
WOLF 
Walter Wolf Racing fue un fugaz equipo de F-1, que sólo funcionó tres temporadas, de 1977 a 1979 y que logró tres victorias el primer año de la mano del gran piloto sudafricano (ex-Tyrrell) Jody Scheckter. En su temporada de debut sólo tenían un monoplaza, que pilotaba Scheckter, pero la unión del millonario canadiense Walter Wolf y el ex-piloto Frank Williams obtuvo grandes resultados que le llevaron incluso a pelear por el título, siendo el primer equipo debutante en ganar en su primer gran premio (luego BRAWN repetiría, como hemos visto). Mas el segundo año es más flojo, Williams decide formar una escudería propia y el coche deja de ser fiable. Con todo acaba muy bien la temporada, logra cuatro podiums y termina 5º en el mundial. Como curiosidad, Bobby Rahal es el segundo piloto durante un par de carreras. Rahal ganaría posteriormente las 500 millas de Indianápolis y fue tres veces campeón de la Indy Cart.
Al año siguiente, Scheckler se marcha a Ferrari y fichan al mítico (y caduco) James Hunt  que sólo acaba una carrera de siete siendo sustituido tras el GP de Mónaco por un jovencísimo Keke Rosberg, quien no mejora los resultados del británico. Wolf desaparece al año siguiente como si nunca hubiera existido.
Ligier JS43 (1996), último coche de la escudería.
LIGIER
Ligier entró en la F-1 en 1976 y se quedó hasta 1996, año en el que fue comprada por el tricampeón del  mundo Alain Prost, pasando a denominarse Prost Grand Prix, obteniendo durante varios años resultados cada vez más mediocres y desapareciendo por falta de financiación en 2001.
Pero la marca francesa no fue siempre un equipo del montón. Logró nada menos que 9 victorias y más de treinta podiums, llegando a ser segundo en el campeonato de constructores de 1980. Su piloto con más victorias y Grandes Premios disputados fue Jaques Laffite, quien viviría la época dorada de la escudería entre 1978 y 1982. Bien fuera con los motores Matra, Renault (franceses) o Cosworth (americanos) Ligier siempre estaba en la pomada de los puntos. Tuvo un par de años desastrosos coincidendo con su asociación con Judd (1988) y Lamborghini (1991) pero logró recuperarse siempre. Al contrario que los casos anteriores y a lo que es habitual en la competición, Ligier tuvo un último año más que digno, acabando 6º en el mundial y con una épica vitoria en Mónaco, lograda por Olivier Panis. El Ligier del piloto de Lyon fue uno de los cuatro únicos vehículos que acabó la carrera.
De la Rosa en el GP de Malasia 2012. Ni publicidad tenían ya. 
HRT 
Aunque esta entrada va de flores de un día y HRT (Hispania Racing Team) no tuvo ningún momento de gloria (0 victorias, 0 pódiums, 0 puntos) en las tres temporadas en las que compitió, el solo hecho de que una escudería española estuviera en la F-1 ya me parece un momento glorioso.
Fundado en 2010 por Adrián Campos, que se sacó la espina el fallido proyecto de otra escudería española llamada BRAVO, siempre compitió con chasis de fabricación propia (salvo en 2010 que fue encargado a la italiana Dallara) y motores Cosworth. La llegada del fabricante indio TATA como proveedor de la parte eléctrica y patrocinador llevó a poner a los mandos de uno de los dos monoplazas al también indio Narian Karthikeyan. Junto a él, también pilotaron el coche español Pedro Martinez De la Rosa, Bruno Senna, Vitantonio Liuzzi (que logró el mejor resultado, 13º en el GP de Canadá de 2011), Daniel Ricciardo, Sako Yamamoto y Christian Klein.
Poco hay que decir sobre sus resultados, baste comentar que dado su bajo rendimiento, se volvió a imponer la regla de unos mínimos tiempos para clasificarse a partir de 2011. Un caro fiasco que terminó subastado y en manos de un especialista en reciclaje de piezas.

Fotos: Wikipedia.