26 nov 2023

Justicia para ella

Sidney Lumet  (1924-2011) fue uno de los más prolíficos y exitosos directores de la llamada "generación de la televisión", formada, entre otros, por Franklin J. Schaffner, George Roy Hill, Richard Donner o Fielder Cook. Todos ellos llegan a Hollywood mitad por la competencia televisiva al cine (hace nada menos que 70 años que ésto sucede) mitad por la búsqueda de nuevos talentos ante el inevitable paso del tiempo que se llevaba por delante los directores clásicos.
Lumet centró casi toda su filmografía en un tema: la justicia. Sus personajes suelen ser abogados, fiscales, miembros del jurado, detectives, policías... Todos ellos buscan la verdad pero ante todo quieren cambiar las cosas "desde dentro", sin saltase la ley (en principio) y chocan con un sistema implacable cuando no corrupto. 
Fran Galvin (un colosal Paul Newman, que no fue la primera opción para el papel) es un abogado que ha tocado fondo. Su aparición no puede ser más patética: se presenta en un funeral, de donde le echarán, buscando clientes. Galvin es un hombre derrotado, con un solo amigo, Mickey (el siempre perfecto Jack Warden) que, como sabremos después por boca del propio Mickey, estuvo cerca de ser alguien importante. Caído en desgracia por sus vicios y errores, Galvin recibe de su amigo un caso aparentemente sencillo. Una mujer ha quedado en coma irreversible tras una negligencia de un Hospital Católico de Boston. En un principio todo parece sencillo, ni la hermana de la víctima, ni la Iglesia quieren complicaciones, un acuerdo económico bastará para evitar el escándalo. Galvin conseguirá un dinero que necesita y volverá a tener un cierto prestigio. Mas Galvin va a conocer a su cliente al hospital y allí ocurrirá lo que casi podría decirse que es una epifanía: con sus fotos de Polaroid, en una escena maravillosa, Lumet consigue transmitir la sensación de Galvin de que esa mujer postrada inconsciente en la cama merece una oportunidad. Galvin decide, sin consultar a sus clientes rechazar la oferta del hospital, que es otra no menos magnífica escena entre el abogado defensor, Concannon (implacable James Mason) quién ofrece el generoso cheque que cambiaría la vida de varias personas. Galvin, humillado por las formas, entre el lujo gótico del despacho, dice no, más por dignidad que por convicción. Empieza entonces un litigio largo, tortuoso, con altas y bajas en la búsqueda no sólo de justicia, sino también de su propia redención como ser humano.

En este trasiego, Lumet destacan las distintas formas de trabajar: Galvin y Mickey a pie de calle, usando la memoria (la experiencia es un grado) y echando horas en el despacho. En frente, el equipo de abogados implacable de Concannon, que no duda en usar los medios de comunicación, la coacción a testigos y el desprestigio de Galvin en su contra. Tan lejos llega que utiliza a Laura (Charlotte Rampling), otro ser al margen del sistema, que ve en la oportunidad de traicionar a Galvin una tabla de salvación a sus problemas. 
Mas con lo que no cuenta Concannon es precisamente con eso, con la desesperación de Laura y de Fran: no se acorrala a quien ya está acorralado. Cuando localizan a la enfermera que, persuadida con la oportunidad de hacer justicia, acepta declarar a última hora y cambiar el veredicto final del jurado (que ignora la recomendación del juez, una vez más la justicia en entredicho), consiguen mover la balanza de su lado.
Por desgracia para Laura, Galvin descubre que trabaja para su rival. Además, él no sabe que ella renunció en el último momento a todo para que él triunfara. Fran no cogerá el teléfono... ¿o sí?
Nota final: aunque sea tópico, destacar la lúgubre fotografía de Andrzej Bartkowiak, oscura en interiores, fría en exteriores y el guion de un joven David Mamet adaptando la obra de Barry Reed.
Imágenes: 20th Fox.

5 oct 2023

Ratones, mujeres y Lovecraft

En mis recientes lecturas, he mezclado el comic con el ensayo y, si eso lo consideramos leer, los libros de ilustraciones que, para todo aquél al que le guste dibujar suelen ser fuente de inspiración cuando no de deleite. Paso a hacer el típico repaso a estos libros que, a juicio de uno, son dignos a tener en cuenta. 

Michel Houellebecq se da a conocer en 1991 con este ensayo sobre la vida y obra del mítico escritor H. P. Lovecraft, escrito desde la más rendida admiración y casi la identificación con el autor de Providence. Empieza su redacción con sólo dieciséis años, por eso se advierte ese entusiasmo en el texto, típico de la juventud y de una persona enérgica y madura para su edad. Es un libro que es tanto más interesante como biografía que como valoración a las obras del escritor estudiado. Houellebecq  enlaza cronológicamente la experiencia vital del biografiado con sus cuentos y novelas y desmonta tópicos (sobre el manido tema del sexo en la obra y vida de Lovecraft) y consolidando incómodas realidades (el racismo). Estamos ante un ensayo ligero, mas para nada superficial o inane, todo admirador del escritor norteamericano disfrutará de él y es, en adición, una perfecta forma de introducirse en el mundo de Lovecraft, no sólo para entenderlo sino también para disfrutarlo. En la presente edición de Anagrama, se incluye un entusiasta prólogo de Stephen King. 

El Whodunnit? es una expresión inglesa que se usa para identificar a las novelas policiacas típicas que contienen una especie de puzzle cuyo objetivo es saber precisamente eso, quién cometió el crimen. Este simpático y cuidadísimo comic lleva precisamente ése título, "Whodunnit" y es obra de El Torres, Vicente Cifuentes (guion) y Ulises Arreola (color), pertenece a este género aunque con toques fantásticos, dando como resultado una trama tan típica como entretenida sobre el asesinato(s) que sucede en una mansión lujosa y decadente. Excelente ambientación, original (pese a lo trillado del tema) y bien resuelta, tiene como característica más llamativa el hecho de que sus protagonistas sean animales antropomorfos: conejos, gatos, zorros y otras variedades que no he logrado identificar, vestidos de etiqueta o andrajosos pero que remiten, inevitablemente, a la inglaterra victoriana. Un elegante pasatiempo digno de tener en cuenta por el esfuerzo de la editorial granadina KARRAS y los (numerosos) financiadores que han colaborado en este proyecto que no tiene nada que envidiar a las grandes editoriales.

Para finalizar, un repaso a un par de libros de ilustraciones. El primero, "Las chicas de Atilio", 2015, Atilio Cambedotti, ed. La Cúpula. Habitual de las portadas de la difunta revista "Kiss", esta obra se centra en las voluptuosas mujeres que han aparecido en las obras del autor argentino mas se incluyen varias inéditas. Ojos grandes, senos generosos, mujeres descaradas y mucho colorido hacen de este libro un buen mosaico de su obra, además de mostrarnos su proceso creativo, destacando los dibujos steampunk y sus ilustraciones para las obras Celtas y Pompeya, las cuales permiten demostrar que es un gran artista dibujando escenarios y acciones. Excelente edición en tapa dura. 
La ilustración empieza a ser un género muy femenino. De un tiempo a esta parte se ha puesto de moda las lujosas obras literarias clásicas o cuentos de siempre a todo color, donde destacadas dibujantes muestran sus virtudes con el lápiz y pincel. Quizás sea porque en esta época del libro digital, el dibujo siegue teniendo un valor (hasta la IA también les deje sin trabajo, claro) o quizá porque los temas e historias "para mujeres" está de moda y/o se venden bien, noto una gran proliferación de obras en dicho género. En España una de las más famosas es Esther Gili, que empezó trabajando en cine y publicidad pero ya, hecho un nombre, hace trabajos más personales. Su estilo es sencillo y elegante, no son dibujos descuidados pero me gustan más los que tienen más detalle, imagino que eso es más difícil si utilizas la técnica de la acuarela, poco valorada para la dificultad que entraña. El libro que comento es de una exposición, editado por Lunwerg, en 2020. Se trata de ilustraciones que acompañan al libro "El legado Catherine Elliot", con mujeres de ayer y hoy, en escenarios y paisajes elegantes de diferentes épocas y lugares. Un libro agradable para conocer a la autora que, en esta entrevista, confirma muchas cosas que ya intuíamos sobre la producción editorial para mujeres.  

20 sept 2023

Agatha en el cine

Agatha Mary Clarissa Miller, más conocida como Agatha Christie, no necesita presentación. La escritora más exitosa de todos los tiempos le interesa en este momento al autor del blog no sólo por sus libros (del que soy un fan bastante ponderado)  sino por sus adaptaciones cinematográficas. Ahora mismo está en cartel la adaptación de una sus menos celebradas novelas "Las manzanas" (1969) dirigida por el prolífico director británico Kenneth Branagh, el cual va por su tercera adaptación consecutiva de la "reina del crimen".
Bien es cierto que un servidor cada día ve más cine antiguo (porque ya el siglo XX es 'antiguo') y prescinde de nuevas versiones así que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, voy a comentar las cuatro lujosas adaptaciones que, en los años 70 y 80 del pasado siglo, Richard B. Goodwin y John Brabourne, realizaron de algunas de las mejores obras de la escritora británica. 
Asesinato en el Orient Express (1974) de Sidney Lumet.
Con un presupuesto bastante ajustado para el estelar reparto y el lujoso escenario, el film fue uno de los grandes éxitos de 1974, valiéndole el Oscar de la academia a Ingrid Bergman por su cortísima pero intensa interpretación de Greta Olhsson. Lumet hizo gala de su fama de realizador económico y buen director de actores, supo evitar los egos y obtuvo un producto lujoso sin ser acartonado, además de sorprendente y realmente entretenido. La mismísima Agatha Christie dio su visto bueno diciendo que esta era, con "Testigo de cargo" (1957, Billy Wilder) la mejor adaptación de una obra suya.  
Bajo mi punto de vista es un film con un prestigio exagerado, algo plano, donde el enorme talento de los técnicos (la fotografía de Geoffrey Unsworth, el guion de Paul Dehn, la música de Richard Rodney Bennett) salva un conjunto tan atildado como la interpretación de Poirot Albert Finney. 
Muerte en el Nilo (1978) de John Guillermin
Tras cuatro años de espera, Goodwin y Brabourne, repiten el plan con gran número de estrellas, profesionales de prestigio como Anthony Shaffer, Nino Rota o Jack Cardiff mas esta vez con varios cambios. El primero, para mí el mejor, es el uso de escenarios reales, aquí el mismo Egipto. El film se rueda en Asuán, El Cairo y Abu Simbel, cuenta con un guion más trabajado y que evita comentarios políticos (no se caricaturizaba al personaje del marxista, Jon Finch, como se hacía en la novela) y, sobre todo, sustituye a Poriot, ya que Finney se negó dado las agotadoras sesiones de maquillaje y al calor a soportar. El resto del reparo combina actores jóvenes (Mia Farrow, Jane Birkin) con veteranos (Bette Davis, George Kennedy) destacando el siempre impecable David Niven.
El resultado es, a mi modo de ver, excelente, el más industrioso pero igualmente impecable John Gillermin, ofrece una trama entretenida y se beneficia de que "Muerte en Nilo" tenga un desarrollo y, sobre todo, un desenlace tan inesperado que sorprende a cualquiera. Eso unido al gran trabajo del simpático y elegante Poirot que incorpora con humor Peter Ustinov, hace de esta película, en mi opinión, la mejor del dúo de productores.
El espejo roto, (1980) de Guy Hamilton.
Film que carga con la fama de ser el peor de la serie, algo que me parece cierto aunque exagerado. 
Los técnicos son de primera, en especial la fotografía de Christopher Challis (Dos en la carretera, La vida privada de Sherlock Holmes) lo que no es novedad, mas es cierto que el cambio de Poirot por Miss Marple (Angela Lansbury) no resultó como se esperaba, quizás porque la historia da más importancia a su sobrino, un excelente Edward Fox.
No obstante hay en ella detalles que la hacen muy singular. Por ejemplo, la decadencia física de sus estrellas; un fondón Rock Hudson, una Elisabeth Taylor con sobrepeso, un Tony Curtis con peluquín... le da al film un tono mortuorio pero a la vez autoconsciente de que todo es una representación. Representación que se ve reforzada por la escena del interrogatorio de Fox a Curtis, elegantemente relacionado por Hamilton con el teatro de marionetas que hay en el despacho del productor; el magnífico momento en el que Taylor parece "confesar" a Fox... cuando realmente está recitando un diálogo de una película suya; o la exagerada interpretación de la diva Lola Brewster (Kim Novak) con sus constantes pullas a Marine (Taylor).
Pero hay una escena que, por sí sola, justifica toda la película, casi al final, cuando Hudson, consciente de todo lo sucedido, se despide de su esposa con una infinita tristeza, siendo sinceros el uno con el otro. Dada la relación de profunda amistad entre Taylor y Hudson es difícil no ver en ese diálogo una autenticidad que sobrepasa la pantalla. Finalmente, Hamilton regresa al tema de la representación, la imagen final con Fox y Lansbury saliendo del castillo es toda una declaración de principios.
Muerte bajo el sol (1982) de Guy Hamilton 
Última película de la serie, que tiene un aire más ligero, socarrón y también malévolo en tanto en cuanto casi todos los personajes tienen un punto antipático. Ustinov parece sentirse a sus anchas pues se rueda en Formentor, donde veraneaba y veraneó durante cuatro décadas, la música de Cole Porter hace el resto para que todo resulte elegantemente frívolo. Tampoco es que nos importe mucho que asesinen a Diana Rigg porque resulta odiosa mas la forma de solucionarse todo el crimen (mezclado el robo de un diamante con el asesinato) es muy entretenida, los personajes están por encima de los actores pese a ser grandes estrellas y todo ello redunda en una película tan agradable como ligera. Agatha Christie siempre tuvo un punto inquisitivo en la sociedad que le tocó vivir más nunca olvidó su principal función: entretener. Las películas de Goodwin y Brabourne (pues eran films de productor) eran eso, pero con esplendor y una elegancia nunca más vista.


28 ago 2023

Trágicas damas de la canción

 El reciente fallecimiento de la cantante Sinead O'Connor nos lleva a recordar a todas esas grandes cantantes que, por las circunstancias que sean, terminaron entre mal y regular, dejándonos con la miel en los labios y la sensación de que sus voces se apagaron demasiado pronto. En casi todas hay circunstancias comunes (abuso de sustancias, infancias problemáticas, hogares desestructurados), mas cada una de ellas con alguna particularidad que las hace especiales. Todas tenían un don, justo es recordarlas.


Janis Joplin (1943-1970)

Nacida en la más tradicional Texas, Janis Lyn Joplin, decidió pronto dejar atrás el estado de la estrella solitaria y marcharse a la bohemia San Francisco sin terminar sus estudios de Bellas Artes en la universidad de Austin.
Allí comenzó una corta pero exitosa carrera en grupos como Big brother and the holding company o Kozmic blues band donde destacó por encima de sus compañeros en talento y capacidad para consumir alcohol y drogas. Tras míticas actuaciones en Monterrey (1967) o Woodstock (1969) y aparentemente olvidadas las adicciones Janis empezaba una feliz época pero falleció en 1970 de una sobredosis de heroína.
Se dice, se comenta, que la película "La rosa" está inspirada en su vida.


Amy Winehouse (1983-2011)

Amy Jane Winehouse es un caso diferente al de Janis. Si bien comparte con ella una muerte prematura, un abuso del alcohol y los estupefacientes además de una muerte a los 27 años, Amy decidió cambiar. Su último año de vida podría ser lo mejor que había pasado nunca más los efectos sobre su cuerpo de excesos anteriores pasaron factura.
Amy nunca estuvo a gusto con la fama, da la impresión de que era más bien una cantante de jazz, más cómoda con su éxito minoritario que con ser una estrella pop y, evidentemente, el lograr lo segundo acabó con lo primero para siempre. No hay más que verla actuando en pequeñas salas y clubes de jazz a verla en grandes escenarios de audiencia multitudinaria. Tampoco ayudaron ni su padre ni su entorno, demasiada notoriedad mediática, demasiada droga y alcohol al alcance de la mano... Al menos nos dejó su voz como legado inolvidable.


Dolores O'Riordan (1971-2018)

Vocalista y líder de un grupo señero de los 90, The Cranberries, empezó en esto de la canción desde muy niña. Como en el caso que veremos luego, se iniciará en la música cantando en la Iglesia y su extraordinaria voz (demás de la formación en piano y otros instrumentos que le pagaron sus padres) le abrió las puertas de la industria discográfica sustituyendo al anterior líder del grupo que le dio la fama. Ella no se limitó a ser la vocalista y también compuso varias canciones, incluída su más famoso éxito, "Zombie". Su particular interpretación la catapultó a una fama que da la impresión de que no asumió muy bien. 

Dejó el grupo a principios de este siglo e inició una carrera en solitario no muy exitosa debido, en parte, a su anorexia, contra la que luchó toda su vida. Uno de los factores por los que quizás enfermó pudo ser los abusos sufridos en la niñez por alguien de su entorno aunque esto no está muy claro. El grupo volvió a unirse en 2011 aunque brevemente. Dolores falleció víctima de una intoxicación alcohólica en un hotel de Londres, donde se alojaba mientras grababa una nueva versión de "Zombie" con la banda Bad Wolves, dejando tres hijos.


Sinead O'Connor (1966-2023)

Con sencillísmo pero impactante vídeo musical de John Maybury y, claro está, su enorme talento interpretativo al versionar una canción de Prince, la joven cantante irlandesa, Sinéad Maria Bernadette O'Connor (luego cambiaría de nombre varias veces) pasó del casi ostracismo a la primera línea musical mundial, con lo que todo ello conlleva. 

No me detendré demasiado en su carrera musical, que no volvió a llegar a alcanzar el éxito que pronosticaba más su vida siguió unos derroteros, digamos, poco ortodoxos.

Quizás por nacer en un hogar roto (divorcio) y a su adolescencia díscola (cambios de colegios, reformatorio) hizo que la música la "redimiera" y, por un tiempo, le diera felicidad. Pero algo hizo crack en su cabeza el día que rompió la foto del Papa en TV y ahí empezó a dar tumbos: disculpas al sumo pontífice, se ordenó monja, colgó los hábitos, varios matrimonios, tuvo dos hijos, múltiples parejas, se hizo lesbiana pero luego lo desmintió, ... El suicidio de su hijo fue sólo el preludio de su propia desaparición. 

28 jul 2023

Ibáñez, DEP

Como todo español (y algún alemán) aficionado a los tebeos, la reciente noticia del fallecimiento de Francisco Ibañez (1936-2023) nos ha sumido en una profunda tristeza. Como si de un familiar al que no solemos ver pero del que guardamos un grato recuerdo de la infancia se hubiera ido. Con Ibañez se va una parte de la historia de nuestro país, de la que el autor barcelonés fue un certero cronista y un digno heredero de nuestra más que respetable tradición literaria ligada al humor y la picaresca pues sus personajes y sus aventuras son reflejo de la actualidad vivida. También escapismo, no cabe duda, pues si Mortadelo, Filemón, Rompetechos, Pepe Gotera, Otilio, Sacarino o toda la vecindad del n° 13 de la Rue del Percebe no se hicieron famosos por representar la sociedad de su tiempo sino por divertirnos. 

Juro que llevaba meses pensando una entrada sobre Mortadelo y Filemón, los mejores álbumes y tal pero la luctuosa noticia me ha pillado y me obliga no sólo ha destacar sus mejores obras. Es verdad que el dúo de detectives (primero), agentes de la T.I.A. (después) son su obra magna y más prolífica empero, otros personajes fueron claves para el éxito del autor de la casa Bruguera. 


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Rompetechos: de una larga presencia editorial (1964-1978) Rompetechos era el personaje más querido por Ibañez. Con historias cortas, de no más de seis páginas, el principal leitmotiv es la mala vista del pequeño protagonista leyendo letreros lo que lleva a acabar siempre mal o alguien a su alrededor. Tan sencillo como efectivo, Rompetechos terminó siendo un personaje secundario en algunas obras de Mortadelo como la reciente "Misión por España"(2021). Lamentablemente tuvo una penosa aparición en la deplorable película de Javier Fesser "La gran aventura de Mortadelo y Filemón" (2003) donde el personaje era franquista (???) para cabreo de Ibáñez. Fesser corrigió el error en la siguiente película, ya animada, pero hay gente que tiene en la cabeza la política para todo. 

- 13 Rue del Percebe: aunque Ibañez no inventa la trama de una fachada de un edificio seccionada donde vemos a todos sus habitantes, es el primero en lograr una continuidad (1961-1970) que hace de sus personajes un crisol de la sociedad de entonces, añadido unas gotas de humor absurdo y golpe y porrazo. Hubo, con el tiempo, algún cambio en los personajes como la desaparición del científico loco, sustituido por una portera que realquila las habitaciones pero el resto siempre mantuvo la misma línea siendo, el más famoso, el vecino moroso de la azotea. Durante los años 80 y debido al conflicto de Ibañez con Bruguera, crea 7, Rebolling Street, para la revista Guay! aunque con menor éxito, lo que propició su corta andadura editorial. 


- Chicha, Tato y Clodoveo: Chicha es la típica punki juerguista de los 80, Clodoveo es melenudo y maestro del disfraz (como Mortadelo) y Tato un Rompetechos "moderno". Tres pobres diablos en paro, pedigüeños del Snack Joro Bar, que fracasan en los negocios y que se burlan del poder en forma de Felipe González y sus "800.000 puestos de trabajo". Un trabajo breve (1986-1989) y muy personal (Ibáñez estaba en el ya comentado conflicto con Bruguera y no podía dibujar a sus personajes habituales), para mí memorable y cuyo argot ochentero lejos de resultar ridículo le da el toque justo de parodia. Porque eso es lo mejor del tebeo español, reírse de nosotros mismos.

-Mortadelo y Filemón: no sé qué decir de los más famosos personajes del cómic español, al menos algo que no sea repetir lo geniales y graciosos que son. Tampoco puedo explicar la razón por la que me gusta, pese a irregularidad de su obra (claramente más floja en los últimos años) y la progresiva pérdida de detalles en el dibujo (por propia iniciativa del autor, según él nadie se fija en los fondos) así que me limitaré a destacar algunos álbumes que se encuentran entre mis favoritos.

Safari callejero (1969-70), para un servidor, la más graciosa de las obras de Ibáñez. Con dos tramas que convergen (Mortadelo y Filemón buscando los animales del profesor Bacterio  y el desafortunado gendarme) recoge los mejores gags visuales del autor. Tronchante. Como curiosidad, el personaje de Bacterio empieza a ser recurrente desde entonces.

Valor...y al toro (1970) publicada (que no dibujada) a continuación de la anterior, es considerada por los fans de Ibañez su mejor obra con El sulfato atómico. No iba a estar protagonizada por los agentes de la TIA pero se cambiaron a última hora, con la obra terminada, borrando a los personajes y sustituyéndolos por la pareja habitual, de ahí la inusual americana roja que luce Filemón: sólo cambiaron la cabeza. El dibujo es de un detalle y elegancia extraordinarios, estilo cómic belga (Ibañez era muy fan) y la trama, sin ser perfecta, es más elavorada de lo habitual. La memorable corrida de toros final está entre lo mejor de la larga saga. 

El circo (1973), pese que se realiza en el mejor momento del autor, esta obra rara vez aparece entre las mejores para los entendidos, cosa que me sorprende. Magnífico dibujo, desarrollado en un entorno muy agradecido donde las meteduras de pata de los agentes provocan tremendos desastres. Es uno de los más "brutos" por los golpes y caídas, algunas mortales... o casi. Ningún respeto por los animales, sobre todo un pobre león. Un trabajo a reivindicar.  


¡Pesadillaaa! (1994), c
onforme pasaban los años Ibañez tenía que recurrir a ideas del cine o la televisión para sus obras y aquí eligió al asesino de Pesadilla en Elm Street (1984, Wes Craven), el icónico Freddy Krueger. La libertad que permite el tema de los sueños y el protagonismo que toma la secretaria Ofelia hace de este, uno de los más tronchantes e imagitanivo álbumes del autor en los últimos años. 

Corrupción a mogollón (1995), como acabamos de decir, Ibañez empieza a tomar ideas de la actualidad para sus historias y aquí lo hace que la corrupción del PSOE, en concreto del "caso Roldán" (aquí, caso Rufián). Hay cosas que con el tiempo no cambian pero con humor, antes y ahora, la cosa entra mejor. El final, con Felipe González en persona, es de lo más "pólitico" que le he leído nunca al autor. Los mejores gags están centrados en la pobreza de medios de la "Guardia Viril" por culpa del latrocinio político. Por desgracia tuvo que reincidir en el tema porque esto no acaba nunca.

Seguiría pero para qué, el peor "Mortadelo" le da mil vueltas a muchos comics de ahora. Incluso sus obras apócrifas, durante su divorcio con Bruguera están bastante bien... y eso que él no tuvo nada que ver y mandó destruir los originales. Aunque esa es otra historia.  

24 jun 2023

El año madridista

 

La sección femenina, solidaria con Vini Jr.
Terminada la temporada futbolística - baloncestística hacemos balance de las secciones deportivas de nuestro (espero) querido clab.

Empezando por las damas, lamentar la preciosa ocasión perdida con la derrota en los penaltis de la Copa de la Reina (sin reina en el palco, pocas ganas de fomentar el deporte femenino)  ante el siempre repugnante Atlético de Madrid, club racista y acomplejado que, por una vez, nos derrotó pese a que en Liga terminó muy detrás de nosotr@s. En fin, pocas oportunidades tendremos en el futuro con el poderoso y despilfarrador Farsa ganándolo todo. Cagada importante.

En el fútbol masculino hubo más cosas malas que buenas. Empezando por las malas, una tremenda desidia en liga por más que los arbitrajes fueron, otra vez, indecentes. Sobre el Caso Negreida espero que algún día se escriba un libro y no caiga en el olvido, me conformo con que el Farsa siga en Europa haciendo el ridículo, pues no están dopados desde el punto de vista arbitral. Mas, como digo, eso no debería ser excusa: no se puede dimitir de la liga en enero y dejarse ir antes del mundial por interés egoísta de los futbolistas. Es verdad que con Vinicius Jr se superaron todos límites por inacción arbitral y de la justicia mas percibí poca solidaridad por parte de algún compañero de las llamadas "vacas sagradas". 

Las derrotas en la Supercopa y en Champions fueron dolorosas no tanto por el fondo (perder una final o una semifinal no es ninguna deshonra) como por la forma, bordeando el ridículo y siendo muy inferiores. Carlo Ancelotti es culpable en parte del desatino por no ser capaz de motivar los futbolistas y poner siempre a los mismos. 

Rodrygo ha realizado una extraordinaria temporada 
Bien es cierto que en lo bueno pesa la Copa, título largamente acariciado y logrado con brillantez: esa goleada en el Spotify, la victoria contra el Patético de Madrid o la remontada en Villarreal y eso se logró con los de siempre mas la pregunta es fácil ¿por qué a veces sí y otras no? De los títulos menores, Supercopa de Europa y Mundialito poco que decir, bien hecho, hay que ganar hasta el trofeo más random.

La canasta decisiva de Llull en Kaunas

En el baloncesto tengo sensaciones encontradas. La traumática (no para mí) salida de Pablo Laso tras su infarto dio como resultado unos cuantos cambios en la plantilla... Para que todo siguiera igual. Llull, Chacho y, mermado por las lesiones, Rudy siguen llevando la voz cantante. La única diferencia es que el tiro de Llull en la final entró esta vez y que el Farsa llegó mejor a la final de la liga. En la Copa, mal pero Unicaja está a intratable, con nivel defensivo y de acierto descomunal. 

Es verdad que también se ganó la Supercopa en la ya lejana pretemporada y que a Chusma hay que agradecerle el fin del sistema "sólo triples", sacando lo mejor de Tavares pero estuvimos en el filo de la navaja con aquél 0-2 contra el Partizan tras la tremenda tangana que, miren por dónde, lo cambió todo. A veces, cuando todo está en contra esta camiseta hace milagros. 

15 may 2023

El cine histórico según dacosica

El cine y la historia siempre han tenido muy buena relación. El uno ha sacado de la otra ideas y ha servido para dar a conocer, poner en valor o manipular sucesos acaecidos tiempo ha. Aquí en Dacosica somos muy de cine histórico pero entendiendo que es eso, pura ficción, todo lo inspirada que se quiera en "sucesos históricos" empero, entendiendo que pocas cosas hay más interpretables y/o manipulables que la historia. 
A continuación, una breve reseña de algunos excelentes films que merecerían un lugar privilegiado en la historia del cine, sea histórico o no, realizados en la época de esplendor del género, la primera mitad de los años 60, del siglo pasado. 
El capitán Jones (John Farrow, 1959)
Primera producción de Samuel Bronston en España, relata parcialmente la vida y aventuras del capitán John Paul Jones (Robert Stack), quien fundó la marina de EE.UU. El film es una producción de lujo, como toda película histórica de la época, y cuenta en papeles secundarios con Bette Davis, como emperatriz rusa, Peter Cushing o Charles Coburn. 
Su rodaje se concentró principalmente en Denia, Alicante, además de ser la primera producción cinematográfica que pudo rodar en el Palacio Real de Madrid. 
Desde un punto de vista histórico, parece un film de aventuras, no sé si muy riguroso pero que entretiene y nos deja claro que el origen de la hoy todopoderosa fuerza naval useña fue la piratería. Siendo la víctima los ingleses no deja de ser justicia poética. En cuanto al trazo aventurero, he de decir que por momentos languidece y sólo en el tramo final, remonta. Quizás el correcto pero algo adusto Robert Stack, no sea del todo el carismático protagonista que la cinta pide. 
Nota curiosa: la hija del director, la futura actriz Mía Farrow, fue elegida reúna de las fiestas de Denia.
El Cid (Anthony Mann, 1961)
Primera de las dos producciones de Bronston que dirigió el gran Anthony Mann, es sin duda una de las mejores, si no la mejor. La historia, adaptación libérrima del Cantar del mío Cid, con el asesoramiento del historiador Ramón Menéndez Pidal al que da la sensación, hicieron poco caso.
Dejando a un lado licencias que, cinematográficamente hablando pueden ser necesarias para darle emoción, todo en esta película es admirable: su vestuario, el guion, las interpretaciones, el equilibrio entre drama y espectáculo... Mann le da hondura a la historia de éste caballero y concede no poca importancia al personaje de doña Jimena, espléndida Sofía Loren. Me gusta más la primera parte, la que concluye con la traición en el cerco de Zamora, un historia de traiciones familiares con personajes secundarios muy interesantes (esos hermanos peleados por el trono, padres heridos en su honor, juramentos de fidelidad) es una pena que se nos escamotee el largo destierro de Don Rodrigo Díaz de Vivar, por mucho que se solucione con una espléndida elipsis en la que vemos a un envejecido y curtido Charlton Heston (completamente entregado al personaje) llevado ante el Rey. El final es épico, de leyenda, como todo film del género merece. A "El Cid", los años cada vez sientan mejor.
Becket (Peter Glenville, 1964)
El cine británico tiene una larguísima tradición de films históricos, siempre bien cuidados y con todo el talento de su industria al servicio del Imperio. Es verdad que a veces es crítico pero siempre tienen esa grandeza y respeto por las tradiciones que, a un servidor, le admira. 
Becket, estupendo film del por desgracia poco prolífico Peter Gleville cumple con los estándares básicos de toda superproducción histórica, añadiendo dos detalles importantes: el uso de decorados reales (desde playas hasta iglesias o palacios) y la memorable fotografía de Geoffrey Unsworth, uno de los más grandes en su oficio y que aquí estaba en su mejor momento. Esos rojos de las capas, jamás los he vuelto a ver en una obra visual.
Pero dejando de lado el tema técnico, esta película es, más que un duelo interpretativo, una exhibición de dos animales cinematográficos, a saber Richard Burton y Peter O'Toole, en su mejor momento, absolutamente contenido el primero, totalmente desatado el segundo. Ambos empiezan siendo dos simples amigos, teniendo en cuenta que el segundo es el Rey, normando, de Inglaterra. Ya desde el comienzo, en una liz por una campesina, se apreciará cómo el monarca hace uso de su poder incluso contra su mejor amigo. Éste no es un hombre perfecto, sin embargo ya en ese momento sabemos que es una persona con algo de lo que carece el rey: principios. Aquí está lo más estimulante de la cinta, esa lucha entre el despotismo y los valores reales, finalmente caracterizados en la figura de la Iglesia o, mejor dicho, en Dios, al que finalmente Becket termina por situar por delante de su amo en la tierra, y es que entonces es cuando el propio monarca, más bruto pero a la vez más astuto, llega a comprender: el origen divino de su poder le hacen, precisamente, siervo de Dios. Mas estamos en un territorio donde el pragmatismo se impone y los antaño enemigos (nobleza, Iglesia institucional) terminan siendo sus aliados para derrotar a su amigo, al final Enrique impone su poder en la tierra y Becket pasa a la posteridad como lo que siempre fue: un símbolo y un mártir. Una obra por momentos sublime y trascendente sin ser pesada, mundana y actual, que propone reflexiones sobre temas importantes que hoy parecen enterrados. 
Barrabás (Richard Fleischer, 1961)
El llamado "cine bíblico" es una cosa muy heterogénea en la que caben desde Pasolini hasta grandes superproducciones, desde el cine mudo hasta Mel Gibson, pasando por el musical o incluso la parodia pero pocas veces se salen de ciertos cánones y apenas hay protagonismo para otros personajes históricos que no sean los destacados en las sagradas escrituras o el mismo Jesús de Nazaret. No obstante, siempre hay excepciones y el film del inclasificable Richard Fleischer es una feliz muestra de ello. 
Producción de Carlo Ponti con apoyo de Hollywood, es un film europeo en el mejor de los sentidos, pues no sólo se centra en una figura controvertida como Barrabás, sino que opta por ofrecer una visión del cristianismo primigenio y de sus primeros practicantes muy estimable. Todo ello sin descuidar el espectáculo, es la época del Imperio Romano, mas son aquí los secundarios, Katy Jurado, Vittorio Gassman, Jack Palance, Silvana Mangano, Ernest Borgnine o Arthur Kennedy tanto o más importantes para el la evolución del protagonista que su propia personalidad. Un más que adecuado Anthony Quinn, quien por físico y carácter hace creíble todas sus peripecias vitales, es el protagonista en nombre pero no totalmente de la película. No es baladí el hecho de que los secundarios sean buenos actores pero, al contrario que en otros films de misma temática, ninguno es una estrella al uso, se imponen los personajes a los actores y eso va muy a favor del resultado final, una película que habla no sólo de la redención sino también del amor y la capacidad de supervivencia. 
El tormento y el éxtasis (Carol Reed, 1965)
No me canso de destacar que, desde hace años, los efectos digitales han destruido parte de la magia del cine. Son contadas las producciones que erigen grandes decorados, se gastan dinero en vestuario y muestran de la forma más realista posible lo que narran en pantalla. Por suerte, el film de Carol Reed (cineasta poco valorado pese a ser el autor de "El tercer hombre" y "¡Oliver!") tiene, entre sus numerosas virtudes, un cuidado en todos los elementos mencionados. Sentimos que realmente estamos en el Vaticano, que vivimos en el S. XVI, vivimos el Renacimiento, las guerras (Julio II fue un Papa muy guerrero), las decisiones de la curia y los reyes, conocemos a los mecenas (los Medici, interpretados por Diane Cilento y Rodolfo Celi) y todo suena a auténtico, a real. Cómo se saca el mármol en Carrara, las técnicas de pintura al fresco y tallado de estatuas. Hasta la inspiración, representada en esa gran escena en la que Miguel Angel (excelso Charlton Heston) tiene la visión de la pintura cumbre la Capilla Sixtina, La Creación del Hombre. 
Pero sin duda son las disputas con el sumo pontífice (un Rex Harrison con un punto sarcástico que le hace más cercano) lo que nutre a la película de una hondura y humanismo tremendos. Tenemos frente a frente a la religión y el arte, la política y la cultura. Sus discusiones, son tan épicas como las batallas o los decorados, la ira de ambos está a punto de dar al traste con todo mas se impone la cordura, la mutua admiración y, sobre todo, el amor a Dios y las ganas de uno y otro por dedicarle una obra que perdure. Dos personajes con un tremendo ego pero vehementes y que, cada uno a su manera, se admiraron. Un film irrepetible. "¿Cuándo termirás? Cuando haya terminado".

Bueno, pues hasta aquí una valoración breve de un tipo de cine que se ha ido, me temo, para no volver. Películas que igual estaban tan alejadas de los sucesos reales como cercanas al arte de calidad. Al menos su existencia nos recuerda que hubo un pasado mejor.