6 ago 2026

Tintín en verano

El intrépido periodista y aventurero (o detective) surgido de la mente de Georges Remi, "Hergé" siempre está de moda. Da igual que se le quiera criticar por posiciones políticas o un contexto actual muy distinto al de época en la que fueron publicada, Tintín es universal.

Recientemente he leído algunas obras pendientes del personaje que me han servido para confirmar con absoluta seguridad que las historias y el dibujo las elevan al Olimpo del 9° arte. 


"Tintín en América", publicado como álbum por primera vez en 1932, entra directamente en la lista de obras iniciales de Hergé, donde el tono y las intenciones son muy distintas a los de la época dorada del personaje. Aunque hay un afán divulgativo (descripción de los EE.UU de la época) prima la aventura, la acción (a veces) inverosímil y siempre trepidante sumado a un mayor protagonismo de Milú, es decir, más infantil. Sorprendentemente trata a los indios con gran realismo, un poco ingenuos y bárbaros, destacando como se aprovecharon de ellos los poderosos, llamativas las viñetas del petróleo. Lo de los gagsters es un repetitivo pero como digo muy entretenido. Un buen cómic para iniciarse en la saga.

Muchos consideran ya "Los cigarros del faraón" (1934) como la primera gran obra de Hergé, sobre todo por la inclusión del misterio y la fantasía, destacando el sueño en la tumba, los personajes 'locos' y la variedad de escenarios y países. El arranque, en la tumba del faraón con los egiptólogos muertos, es potente y nos hace temer por la suerte de nuestro héroe. La aventura viaja rápidamente a la India, donde aparece un Maharajá, contrabandistas, drogas y secuestros. Referencias al colonialismo y a la peligrosidad de la jungla son la guinda de éste excelente álbum que cuenta con un cada vez más brillante y meritorio dibujo.

"La estrella misteriosa" (1942) carga con la fama de ser una de las peores aventuras protagonizadas por Tintin cosa con la que no estoy en absoluto de acuerdo. La controversia nace de el, supuesto, fascismo (?) de la obra y, sobre todo, la aparición por primera vez de lo fantástico en una aventura del personaje de Hergé. El arranque de la misma, con la caída del meteorito y sus consecuencias me parece fascinante, lleno de suspense y aventura. Luego la acción se traslada al Ártico, donde la expedición de Haddock, Tintín y varios cómicos científicos (uno de ellos español) tienen que llegar al meteoro antes que sus tramposos rivales. La resolución es fantasiosa (Hergé buscaría documentarse más en adelante) y algo abrupta más eso no es raro en el resto de la serie. Una obra extraordinaria desde el punto de vista visual y de guion.


"Tintín en el país del oro negro" (1939-1950) es una obra abruptamente cortada por la II GM, hasta el punto de llegar a posponerse su publicación y variar en parte su trama. Es verdad que si uno vuelve a leerlo, el comienzo y el final son como de cómics distintos, sin embargo la trama es excelente, mezcla acción y humor con elegancia, hay grandes dibujos y colorido además de recuperar un malvado doctor Muller e incluir un personaje muy distinto a lo habitual como el hijo travieso del Emir. Toda la acción del desierto resulta sorprendente interesante aunque algo repetitiva. Su desenlace, con un Haddock que no explica el porqué de su aparición, me parecen lo más flojo. En definitiva, un álbum interesante aunque da la sensación de que daba para más, pues Hergé en aquella época estaba preparando su notable díptico sobre el viaje a la Luna.

No hay un álbum de Tintín que genere unas reacciones más dispares que "Las joyas de la Castafiore" (1963), unos lo toman como un divertimento menor, casi ridículo, otros por una de las mejores historias de Tintin. He de decir que estoy más cerca de los segundos que de los primeros. Más allá de su trama ligera y detectivesca, sin malvados, con equívocos (pobre capitán Haddock, santa paciencia) y un Tornasol enamorado, lo que más me fascina de esta historia es la actitud del personaje de Tintín, ya desde la portada del álbum, como alguien cómplice del espectador dispuesto a divertirse con él como un observador más (aunque en realidad no lo sea). En esta obra se aprecia, más que en ninguna, los nuevos tiempos y los avances tecnológicos como la TV ya presente, la sociedad más frívola (prensa del corazón) y la inclusión de los gitanos para demostrar que Hergé no era un clasista ni se dejaba llevar por los prejuicios por más que describe el carácter zíngaro con gran precisión. Una obra en la que uno se deleita en esa mansión y sus jardines, sus habitaciones dibujadas al detalle y unos personajes adorables (incluida Bianca) por su nobleza o su humorística picardía. Obra maestra de las acciones en segundo término, Hergé está en un momento de plenitud y, desgraciadamente, en el inicio de su declive.

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