14 feb 2026

Russellmanía

Ya nadie recuerda a Ken Russell (1927-2011), uno de los realizadores más de moda y polémicos de los años 70 y que dirigió más de una veintena de films además de vioclips (Elton John, "Nikita") y documentales. Quizás su fama fue excesiva y por ello la gloria, poco duradera, mas merece un poco de atención y se la vamos a dedicar. 
Tras múltiples oficios desempleados tras la Segunda Guerra Mundial (fotógrafo, bailarín) realiza distintos documentales fotográficos que llaman la atención de la BBC. Entonces rueda distintos documentales sobre Strauss, Debussy o Isadora Duncan que le permiten forjarse un gran prestigio por su originalidad... Pero también polémica. Tal es así que los herederos de Richard Strauss prohiben la exhibición de su documental (todavía hoy) además de llamar la atención por las libertades que se toma con los "biografiados" sobre todo en su vida íntima. De esta época data su amistad y colaboración con el enérgico actor Oliver Reed, quién aparecerá en numerosos films posteriores del autor.
"Un cerebro de un billón de dólares"

Su obra cinematográfica comienza discretamente con "Aderezo francés", obra olvidadísima pero realmente simpática. Se trata de una comedia al más puro estilo swinging London de la época (1963) ambientada en una tranquila ciudad costera británica. Ante la falta de turistas, el protagonista (James Booth), con convence al alcalde para que organice un festival de cine. Es un film ligero, ligeramente audaz (algún desnudo fugaz) y con un impecable acabado formal (formato panorámico, escenas multitudinarias) donde están bien todos los actores, destacando la parte femenina: Marisa Mell, imitando a Bridgitte Bardot, y la encantadora Alita Naughton, en la que sería su única película, en un personaje de mujer más independiente pero capaz de todo por amor. Una película tan llevadera como irrelevante. Su siguiente film fue una superproducción "Un cerebro de un billón de dólares" (1967) que ya comenté aquí en la entrada dedicada al espía Harry Palmer. Como fue un fracaso volvió al documental hasta que le llega un proyecto arriesgado y que nadie se atrevía a llevar a la gran pantalla. "Mujeres enamoradas" (1969), adaptación de la novela de D. H. Lawrence. La película cayó de pie desde el principio, porque se ganó la fama de audaz al mostrar desnudos integrales masculinos (Alan Bates y Oliver Reed) libertad sexual (60s) e imágenes bellas o impactantes (algo que ya será marca de fábrica del autor). Varias nominaciones a los Oscar (incluida dirección) y un éxito generalizado le permiten seguir su carrera con total libertad, siendo la siguiente la más prolífica y fructífera de su carrera.
Casi sin solución de continuidad, Russell rueda un film tras otro el primero de ellos una biografía del compositor polaco Tchaikowsky protagonizada por Richard Chamberlain. "La pasión de vivir" (1970) es ya un film más desaforado, vibrante que los anteriores y una biografía "al estilo Russell", es decir, muy personal, haciendo incapie en detalles escabrosos de la vida privada del protagonista (homosexualidad, posible suicidio) y con una ostentosidad en la puesta en escena que resulta realmente gozosa. Por supuesto, la música de Chaikovsky está muy presente, siendo oportunamente utilizada por Russell, quién destaca, como será habitual, en una magnífica dirección de actores: Chamberlain es un Chaikovsky convincente, lo mismo que Glenda Jackson es su sufrida admiradora y esposa e Izabella Telezynska, como su discreta mecenas. Por su puesto el film genera controversia, enfada mucho en la entonces URSS por su sensacionalismo y a los más puristas por su escasa fidelidad a la (supuesta) realidad.
Si el film anterior levantó ampollas, nada comparable a la madre de todas las polémicas del cine russeliano: "Los demonios" (1971).
"Los demonios"

Adaptación de la novela de Aldous Huxley, narra el enfrentamiento entre Grandier (Oliver Reed), obispo de Loudun, máxima autoridad de la ciudad, y Richelieu (Christopher Logue), quien convence al afeminado Luis XIII para derribar las murallas y acabar con el poder local. Como no lo logra, pues la ley y la vehemencia de Grandier se imponen ante su emisario (Dudley Sutton), se inventa una supuesta posesión demoníaca de las monjas del lugar, encabezadas por sor Jeanne (Vanessa Redgrave), quién fantasea sexualmente con Grandier.
Con esta premisa no era raro que Russell fuera rienda suelta a sus excesos y a fe a lo hace: torturas, monjas despelotadas, histerismo, gritos, un exorcista con pinta de hippy (Michael Gothard), sacrilegios... Una pena porque con ello se pierde la perspectiva de lo realmente importante: la lucha por el poder entre ciudad y estado. La primera parte del film es de lo mejor del realizador de Southampton, ése discurso de Reed (soberbia interpretación) a la ciudad; sor Jeanne flajelándose por no caer en la tentación de sus fantasías; el puro amor de Madeleine (Gemma Jones) hacia Grandier, culminado en boda sacrílega; la epidemia de peste y sobre todo los colosales y surrealistas decorados de Derek Jaerman, más cercanos al cine fantástico que al siglo XVII, pero que le van como anillo al dedo a la película. Pese a la desbarrada del juicio final, salvada por la enorme dignidad que otorga a su personaje Reed, el último plano, con Madeleine saliendo por las derruidas murallas de la ciudad, consigue que volvamos a una obra mucho más interesante e inteligente, con grandes diálogos pero inevitablemente irregular.
"Los demonios" condiciona completamente toda su filmografía posterior (¿castigo divino?) porque sus films, de cualquier tipo, eran considerados "minoritarios" por polémicos y difíciles. De nada sirvió rodar "El novio" (1971) blanquísimo musical protagonizado por la modelo Twiggy, película para todos los públicos pero estrenada fuera de Reino Unido de manera muy limitada. 
"Mahler, una sombra en el pasado"

Tras ella rueda "El mesías salvaje" (1972) que no he visto, donde tiene uno de sus primeros desnudos, digo papeles, Helen Mirren. Es una obra con buenas críticas y poco público.
En 1974 Russell reincide en el cine biográfico, en éste caso con el compositor Gustav Mahler. "Mahler, una sombra en el pasado" es un film que usa una interesante técnica narrativa: narración mediante flashbacks durante el viaje en tren de Mahler (Robert Powell) y su esposa Alma (Georgina Hale). Entre reproches y lamentos, recuerdan la vida del autor desde su infancia, con un padre bruto, un montón de traumas y experiencias amables (cuando aprende a nadar y descubre la vida en la naturaleza), hasta la vida conyugal, compleja y con escenas oníricas, Russell ™: a saber, el terror de Gustavo a ser enterrado vivo, las sospechas de infidelidad y el numerito de "conversión nazi" renunciando al judaísmo porque admirada enormemente a Wagner. Incluso se permite, al comienzo, un guiño a "Muerte en Venecia" (Luchino Visconti, 1971) donde Mahler está muy presente. Da la impresión de que el director puede hacer films bellos, lujosos y de buen gusto pero se niega a dejar "su toque" aunque solo sea en un par de escenas, como es el caso. Sin perder tiempo, estrena dos films protagonizados por el cantante de los Who, Roger Daltrey: "Tommy" (1975) y "Lisztomania" (idem). 
"Tommy"

La primera es la adaptación de la ópera rock de los Who, de idéntico título. Russell reconoce en una entrevista que fue muy fácil de rodar pese a la aparatosidad y la gran cantidad de escenarios y extras. Los Who ya tenían todo preparado y las ideas muy claras sobre lo que querían, además de poner la música y lograr que buenos amigos (Tina Turner, Jack Nicholson, Eric Clapton, Elton John) se unieran con apariciones de distinta importancia. Russell sólo aporta su imaginación, capacidad para dirigir un musical (según él, la única Ópera Rock de la historia del cine) y algún actor de su cuerda como Reed o Powell. El resultante es sorprendentemente equilibrado entre el delirio visual, la historia surrealista y la música rock. "Tommy" es, a día de hoy, un film muy reivindicable.
"Lisztomania", empero, es otra biografía musical (Frank Liszt en este caso) pero tratada con estilo postmoderno, como si Liszt fuera una estrella de rock (en su tiempo es verdad que desataba pasiones) pero de una manera muy vistosa colorida... Y nada sutil. Lo que más parece llamarle la atención al realizador es la relación con Wagner y su hija, además de las aventuras amorosas del protagonista con homenajes extemporáneos a Chaplin o el cine nazi con la ventaja del uso del color y el todo vale: aquí Wagner es resucitado convertido en una especie de monstruo de Frankenstein que ametrallea judios. En fin, no sé qué más decir salvo que Liszt logra salvar el mundo montado en un cohete con forma de p*lla y cojon*s. Aparecen Ringo Starr (como el Papa) y Oliver Reed en medio de espectaculares y horteras decorados. Un film agotador pero no exento de interés por su absoluta desvergüenza si no se toma en serio.
Finalmente, Russell se deja tentar por Hollywood y viaja a EE.UU. para rodar otra biografía: "Valentino" (1977).
"Valentino"
He de reconocer que tengo lejano el recuerdo de éste film pero también que no es en absoluto malo. Recibió malas críticas y escasez de espectadores mas es una obra agradable, de espectaculares decorados y vestuario, recordando de manera idílica, el Hollywood de la edad de oro. Sus protagonistas, el mítico bailarín Rudolf Nureyev y la cantante Michelle Phillips, transmiten indudable carisma y salen guapísimos aunque no sean grandes intérpretes se les rodea de buenos secundarios (Seymour Cassel, Carol Kane, Leslie Caron) para arroparles. No es de extrañar que la escena que más perdure sea la única en la que Nureyev baila.
Tras éste tropiezo, Russell elige un film que, aunque mantenga su temática habitual (misticismo, espectáculo, surrealismo, toques religiosos) entra más en el cine de género, en éste caso el de fantástico y terror.
"Viaje alucinante al fondo de la mente" (1980) es, probablemente, el mejor film de Russell, el que mejor ha envejecido y el más equilibrado por más que el director no renuncia en ningún momento al exceso, los desnudos, la fantasía y la trascendencia. 
Edward (excelente William Hurt) es un vehemente psicológo que mantiene la teoría de que quizás la esquizofrenia no es tanto una enfermedad como un estado en el que lo que ven los enfermos "es real". Hace arriesgados experimentos con una extraña droga de los indígenas mexicanos en un tanque de flotación. Todo ello acaba influyendo en su vida, en su relación con su mujer Emily (Blair Brown) y su comportamiento. Realmente, aunque sea una adaptación de una novela inspirada en hechos reales, estamos ante un film de ciencia ficción estilo "La mosca" pero mientras que para los directores que la realizaron antes y después de Russell esta historia es una locura de un científico que no conoce los límites, Russell lo ve como una aventura y algo que hace crecer el conocimiento y la experiencia humana. Los efectos visuales de David Domeyer resultan imaginativos (especialmente la escena final en el tanque de agua y el remolino) y se ponen al servicio de una historia tan inquietante como fascinante. No tiene los altibajos de otras obras del autor, los personajes tienen comportimentos razonables incluso ante fenómenos irracionales, hay momentos de suspense y ellos sin renunciar a cuestionarse grandes como preguntas como si hay una vida después de la muerte. Un film fascinante.
"Gothic"
La década de los 80 no le sentó nada bien al bueno de Ken. Su siguiente film fue "La pasión de China Blue" (1984) que ya no recuerdo y, me temo, es por algo. No obstante obtuvo cierta fama y sus intérpretes (Turner, Perkins, Laughlin, Potts) obtuvieron grandes alabanzas. Russell decide entonces volver a Reino Unido y rueda un interesante film sobre la creación literaria: "Gothic".
Mary Really (Natasha Richardson), su esposo (Julian Sands), Lord Bryron (Gabriel Bryne), Claire Clairmont (Miriam Cyr) y Polidori (Timothy Spall) pasan una agitada noche en la mansión de Byron, tormenta incluida. Las reacciones ante la bebida, los traumas, las relaciones sexuales, la homosexualidad reprimida (Polidori) y las pesadillas (premoniciones de desgracias y muertes) terminan en un desvarío de desnudez y baile en la bodega de la mansión que da como resultado la inspiración para futuras obras de los escritores. La película tiene momentos de terror logrados pero da la impresión de que no es lo que le interesa a Russell, siendo las relaciones efectivas y de amistad importantes. El final, aparentemente feliz, se separa de la película española de parecida trama, "Remando al viento" (Gonzalo Suárez, 1988), film más equilibrado y también aburrido.
Su siguiente film es "Salomé" (1988), modesta y bizarra adaptación de la obra de Óscar Wilde que supone su reencuentro con Glenda Jackson. Pese a tener buenas críticas es un film de relevancia mínima y que abandoné su visionado en varias ocasiones por el astío que me provocó, pese a contar con una extrañísima protagonista (Jackson es más bien un reclamo) que de puro rara, se hace interesante. Una obra, eso sí, 100% russeliana.
"La guarida del gusano blanco"

De aquí en adelante sólo he visto una de sus películas y, la verdad, no es gran cosa. "La guarida del gusano blanco" (1989) es una muy libre adaptación de la obra de Bram Stoker de la cual sólo toma el tema sexual y el personaje de Lady Sylvia (Amanda Donahoe, siempre dispuesta a mostrar sus encantos donde no llega su talento). Poco o nada se puede decir bueno del film que finaliza la década de los 80, más allá del tono casi naïf de la trama y que, por primera vez, se nota que es un film de bajísimo presupuesto. Ver a la protagonista desnuda con un falo postizo y seduciendo letalmente a ingenuos jóvenes tiene 0 interés por más que al final sí sale el famoso gusano del título, dándole un mínimo suspense a esta obra que es uno de los trabajos más olvidables de Russell.
De ahí al final sus trabajos son cada vez más marginales y el público deja de prestarle atención: "El arco iris" (1990), otra adaptación de D. H. Lawrence; "Prisioneros del honor" un telefilm sobre caso Dreyfus, con Richard Dreyfuss que no hace de Dreyfus (sería la última colaboración con Oliver Reed); otra aproximación al tema de la prostitución "Puta" (1991); varios films de episodios con distintos directores; otra adaptación de D. H. Lawrence, formato miniserie, "El amante de Lady Chatterley"; otro biopic televisivo, está vez sobre Uli Geller y cierra su filmografía una adaptación de la obra de Poe "La caída de la casa Usher".
También hay que destacar dos apariciones de Russell como actor y concursante: un papel secundario en la excelente "La casa Rusia" (Fred Schepsi, 1990) y su participación en el concurso GH VIP de Reino Unido, con desastrosas consecuencias (fue expulsado por una discusión con otra concursante). 
Resumiendo, el cine de Ken Russell no tiene desperdicio, puede resultar inquietante, divertido, liberador, estimulante o bien sacrílego y pretencioso mas no deja indiferente. Puede ser un director irregular y bastante irritante por momentos pero tiene la (hoy) rara habilidad de estimular al espectador y proponer, con imágenes cuidadas y espectaculares, una idea de las relaciones, la historia, la música y el mundo, extremadamente singular. No me parece poco.