
"Las cosas podían haber sucedido de otra manera y, sin embargo, sucedieron así". Así comienza una de las más reconocidas novelas del fallecido Miguel Delibes Setién (Valladolid 1920-Valladolid 2010) "El camino" y creo que es un buen resumen para la vida de este estupendo escritor, fundamental para literatura española en la segunda mitad del S.XX. Autor, entre otras muchas de "La sombra del ciprés es alargada", "Los santos inocentes" o "El hereje", la prosa certera, austera, sin adornos, realista, fue motivo de orgullo para todos los paisanos suyos durante décadas. No voy a hablar aquí de su etapa en "El norte de Castilla" ni de su época de profesor, ni de sus anécdotas, todas bien recordadas estos días, me limitaré a sincerarme: no era uno de mis escritores favoritos, no me llegaba y eso que lo intenté. Mea culpa.
Fue referente de otros grandes escritores (Umbral) y ejemplo de compromiso por las libertades. En contra de lo que dicen algunos no se limitó a hablar de su entorno, Castilla (sus gentes, su naturaleza), sino también de la posguerra, de la ecología, el fútbol (fue cronista del Real Valladolid muchos años) y describió con certeza el pensamiento y las sensaciones de la infancia ("El príncipe destronado"). Hombre lúcido, al final limitado por la enfermedad, siempre me emocionó la enorme tristeza que transmitía en sus últimos años pasados sin la compañía de su adorada esposa, Ángeles, junto a la que ya descansa para siempre.

También esta semana se cumple un aniversario que para ciertos cinéfilos es importante: el estreno de "Al final de la escapada", de Jean-Luc Godard, película germen de la
nouvelle vague y muy influyente en directores actuales como Tarantino ("Godard es mi director favorito" dice) o Jarmusch. Pues
me alegro, pero lo que a mi me interesa es la actriz protagonista, la guapísima Jean Seberg, (pese al nombre más americana que la Coca-Cola), excelente actriz, protagonista del incomparable dramón "Buenos días tristeza" y el curioso western/musical de Josuha Logan "La leyenda de la ciudad sin nombre" con Clint Eastwood y Lee Marvin, debutó de la mano de su descubridor, Otto Preminger en "Juana de Arco". El cineasta quedó prendado de su mirada y no tuvo dudas en elegirla para ese difícil papel. Luego vinieron filmes como "Lilith" de Robert Rossen (1964) para poco a poco caer en un declive que alcanzaría su cénit en "La corrupción de Chris Miller" de J.A. Bardem, buen director pero en horas muy bajas. Tampocó ayudó mucho la presencia de una Marisol muy carnal, pero floja actriz. De belleza serena y mirada triste, Seberg se casó cuatro veces y sus tres divorcios no fueron nada al lado del mayor trauma de su vida: la muerte de su hija recién nacida. Se quitó la vida un triste día de otoño en 1979 el mismo día que su hija hubiera cumplido años. Era su octavo intento. Buenas tardes, tristeza.